el cielo y la crisis
En tiempos de crisis, la gente mira el cielo. No tanto en busca de alivio, creo yo, sino para verlas venir. En el 29, por ejemplo, los que miraban al cielo en la Gran Manzana lo hacían sobre todo para evitar que les cayeran encima alguno de los muchos brokers de Wall Street que echaron a volar por esas fechas, más que buscando inspiración divina para adivinar las fluctuaciones de la Bolsa. Las miradas al cielo de ahora tienen más que ver con la contemplación del desplome del Nikkei o del Dow Jones, por no mentar al selectivo patrio. Pero eso no desalienta a los curas. Jamás permitas que la realidad te estropee un buen sortilegio. En cuanto ven que la gente mira al cielo, los obispos y esas gentes que viven de la magia se engallan y sacan pecho porque creen que ha llegado su hora de jugar a ganador y se aprestan a hacerlo como lo hacen siempre, con ventaja.
Unos claman por refundar el capitalismo a la sombra de la moral, pero cuando entendemos que se refieren a la suya se nos vienen abajo las expectativas. Que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda (tiemblo al imaginar la ignorancia requerida de las dos extremidades hacia lo que haga algún otro miembro singular por libre), que ignore el Papa lo que hacen sus mensajeros USA, que no sepa el Vaticano lo que hace Rouco aquí con el bachillerato…, hasta donde yo alcanzo ésta era ya la estrategia del capitalismo antes de que nadie amenazara con refundarlo. No hacen falta estas alforjas para tan manido viaje.
Otros la emprenden de paso con el más débil, como son para la Iglesia los homosexuales, siempre que no sean curas, por pescar a río revuelto. Así vemos como, jocosamente, el capellán de la Bolsa de Londres (¿qué coño pinta un Capellán en la Bolsa, qué pinta una misa para abrir el curso de nuestro Tribunal Supremo?), un tal Peter Mullen, escribe en su blog, según informa el Telegraph, que a los homosexuales habría que tatuarles en la espalda frases como la sodomía puede dañar seriamente su salud, para que las leas como cuando estás procediendo o la felación mata, que ahí ya la postura para leerla en plena acción se me escapa por imposible si el tatuaje se encuentra donde el deslenguado describe... Este heredero de Austwisch afirma para justificarlo, en broma, claro, que la homosexualidad es "claramente antinatural, una perversión y la corrupción de los instintos naturales y los afectos", además de "causa de enfermedades fatales", por lo que a sus practicantes habría que tatuarlos a fuego como si fueran cajetillas de tabaco o judíos o gays en Treblinka.
Estando como está la Bolsa, en Londres y en todo el mundo, no me negaréis que es toda una proclama de independencia de pensamiento la de este fulano capellán, que sería inexplicable si no se interpreta como su particular aportación al río revuelto, en línea con el rechazo del Vaticano al embajador francés propuesto por París (hasta ahora el secretario general adjunto de la Cancillería francesa Jean-Loup Kuhn-Delforge) debido a su condición homosexual militante. El mundo, ahogado, pero ellos, a lo suyo. A mover peones.
Está demostrado que, en épocas de crisis, es casi mejor no mirar al cielo.
Nota.- Foto del capellán Mullen mirando al cielo, tal y como le veo yo, en broma.









