retrasos
Me presento un poco tarde hoy a mi diaria cita con vosotros porque me he retrasado viendo el partido del Madrid. Iba a decir viendo jugar al Madrid, pero hubiera faltado a la verdad, porque este equipo sigue sin jugar a nada. No sólo no juegan un guil sino que consiguen de inmediato que los recién llegados dejen de hacerlo. En un equipo en el que lo único importante es trabajar lo justito, correr lo justito, sudar... y así hasta mil (únicamente Raúl se salva, casi siempre), los que acaban de llegar se lo aprenden enseguida y rápidamente se incorporan al gremio de los diletantes, encabezado por ese Guti que se empeña en demostrar, día tras día, que se pueden hacer cosas magistrales con los pies aunque la cabeza te sirva sólo de adorno. Este equipo tiene el mal endémico del fútbol español: que lo juegan indivíduos ricos pero vagos, señoritos metrosexuales con una calculadora en el corazón, un seguro multimillonario en las piernas y un inmenso vacío en el cerebro. De modo que así está planteado el divorcio deportivo: por un lado, la gente que adora el fútbol (en general) y por el otro los jugadores que solamente viven de él.
Lo mismo que pasa en la Iglesia española. Por un lado, va el arzobispo de Toledo y pide a los feligreses que eleven sus plegarias por el pobrecito Rey de España, tan denostado el hombre, y por el otro el insigne Fedeguico, desde la tribuna eclesial de la COPE, se desgañita día sí y el otro también pidiendo que abdique de una vez. ¿A que parece una contradicción flagrante? Pues va a ser que no.
Va a ser que de nuevo, como antes, como siempre, los curas no ponen nunca los huevos en la misma cesta, no vaya a ser que se rompa, fundando ETA y bendiciendo a Franco, que nunca sepa la mano derecha lo que hace la izquierda que es la que transforma la falsía en virtud. De lo deshonesto, oportunista e hipócrita que es este mensaje, se confiesan luego y al cielo de cabeza.
¿Os habíais creído que este post iba de fútbol?
- Ilustración debida al prolífico genio de Paquito
