jueves, 5 de junio de 2008

el mandamás

Dice el anuncio que el baloncesto desata la euforia, pero según parece no es lo único que provoca. Como en casi todos los deportes de competición, por llamar de algún modo a lo que apenas es un ápice más que un negocio en el que, por ende, se juega con el peligro de alimentar y exacerbar las pasiones de las masas que ya no creen en otra cosa, y apenas poco más que un espectáculo basado en el sudor y los aciertos o errores ajenos, lo que realmente se genera no es la pasión sino la figura incombustible del mandamás.

El mandamás es una reliquia del pasado disfrazada de electo. Vendría a ser el usted no sabe con quién está hablando redivivo. Suele provenir de las esferas colaterales de cualquier deporte, habitualmente fruto de una bastarda y sangrienta selección natural de entre esos muchos segundones especializados en sacar provecho de su capacidad de maniobra que orbitan alrededor de los llamados deportistas de élite. El mandamás está siempre rondando al poder, chafardeando en las federaciones, volando en primera, comprando en los dutyfrees con esas dietas que nunca hacen honor a su nombre y atento solamente a que los que le han puesto en su puesto sigan beneficiándose de aquella decisión tan de agradecer o más preocupados por contraatacar a los que aspiran a ser el califa en lugar del califa. Suelen ser gente encantada de haberse conocido y sacan pecho a la mínima puesto que a ellos y su impecable gestión se debe lo bueno y lo malo es siempre culpa de imponderables, conjuras o fracasos del cabeza de turco con cuya destitución se hace la cuenta nueva y a los que el borrón se les supone. No es raro que usen gomina y la tienen así de grande.

Les vemos frecuentemente en acción, porque salen mucho por la tele. El mandamás Sáez, que exige respeto y no tiene empacho alguno en darle boleta al entrenador que ha obtenido los mayores logros del baloncesto y eso a dos meses de la cita olímpica, por culpa de que al recién captado patrocinador de la FEB, a la sazón Cajamadrid, le duele ver a Pepu dando conferencias patrocinadas por CaixaGalicia. O el mandamás Villar, tan preocupado por su selección de fútbol que ya tiene a Del Bosque en la faltriquera aunque para ello se deba fracasar con un Aragonés obsesionado por no perder y por tocarla (para qué ya es otra cosa), enamorado del tal Marchena que no es más torpe porque no entrena lo suficiente y cuyo equipo consigue siempre, que ya tiene mérito, hacer bueno a cualquiera de sus enemigos. O el mandamás Muñoz, que ofende por SMS a los tenistas de mayor prestigio del país después de engañarles como niños y reirse de ellos a sus espaldas.

¿De qué vivirían los sastres, los camiseros, las líneas aéreas y las putas de postín si no existiera el mandamás?

4 comentarios:

Más claro, agua dijo...

Así se explica: con estos mandamases nunca pasamos de cuartos... oscuros ;-)

Pedro de Paz dijo...

Sinceramente: a mí, los deportes de competición -y los otros- me la traen al pairo. Nunca disfruté con su contemplación. Ni siquiera del tan ampliamente ponderado furbol cuando era más joven (negáré ante un jurado haber dicho eso: sigo siendo joven). Pero la figura del mandamás es extensible a muchos otros ámbitos y daria para una tesis doctoral. Desde el mandamás prepotente y cabrón, director de una empresa (quizá, pudiera ser, por ejemplo, de informática... un pour parler...) hasta el mandamás de subsecretaría general que continua llevando a gala, muchos años después de que la frase -que no la actitud- cayera en desuso, eso de "no sabe usted con quién está hablando". La respuesta a esa expresión es tan obvia como automática: "Sí, si lo sé. Con un gilipollas"

Abrazos,
Pedro de Paz

Antonio Piera. Madrid. dijo...

Tampoco esta vez, amigo Eduardo. Y, si me permite un pronóstico, en el primer partido los rusos nos van a dar el baño del siglo. Un 4-1 auguro yo, en contra, claro. Ay, espero equivocarme...

Acepto, don Pedro, que la figura del mandamás no se circunscribe a estos ámbitos aquí reflejados, pero convenga conmigo que en el negocio del deporte es do confluye lo más florido y granado de esta especie depredadora y visceralmente antiestética. Vamos, que es lo que mejor da la tierra de cultivo donde plantan el césped.

Luna Carmesi dijo...

Cuando los bolsillos de los amos estan llenos; algunos precisan notoriedad.
No suelen saber cantar y no tienen buenas tetas. Descartado Interviu; hay clubs, federaciones y asociaciones que cumplen una preciosa tarea psicologica... Cuidemos los egos parasitos... Es un animal del mundo moderno...