miércoles, 31 de diciembre de 2008

tras la desproporción


Estaba escribiendo mi entrada de nochevieja cuando me dio con la maza en mitad del "bebe". Si no lo habéis probado, no os lo recomiendo, porque viene a ser como el descenso de un sinfín de sinsabores sobre tu cuerpo agobiado. Le llaman trancazo y, ¡qué razón tienen! Su variante de mayor interés, en mi caso, es la propia del sin embargo previamente inoculado, experiencia por la que aún no había transitado hasta la fecha. Gripe de vacunado, parajoda que decía aquél. Se trata sin duda de una variante interesante (otra vez las rimas ministrales, copón) en la que casi nada es lo que podría ser, ni la fiebre es enorme, ni el dolor de cabeza extra, ni las articulaciones plenamente al pil-pil, ni la tos cavernaria, ni el ahogo persistente, pero que consigue de igual manera, a base de insistencia y hasta insidia, que el conjunto de tu cuerpo te recuerde lo genuinamente perverso que puede llegar a ser un malestar general, sobre todo si le agregas, como ha sido el caso, una desmesurada urgencia de tu cuerpo a devolverle a la tierra, en connivencia con el señor Roca, todo lo recibido por boca, de inmediato e incrementado con la apestosa opinión de tu organismo acerca de su inoportunidad. O sea, que me iba patas abajo.

Ahora que parece y toco madera que las cosas vuelven por do solían, que el sol traspasa a duras penas la niebla marina que soportamos hace días y que abandono poco a poco la más insípida dieta blanda que recuerdo, no me resisto a dejar a continuación el escrito en el que estaba (titulado sólo "la desproporción") deseando de paso que el resto del año ni se atreva a guardar relación alguna con estos comienzos tan poco alentadores. Aquí os lo dejo, sin tocarlo:

No soy ningún experto en los asuntos del Medio Oriente, pero ello no quita a que me laceren profundamente el alma las dolorosas imágenes que de allí nos llegan en estos finales de año. No soy en absoluto partidario del intransigente integrismo de Hamas ni de que aprovecharan su mayoría en unos comicios para segregarse como un Estado independiente de la mayoría palestina, con su propio gobierno y todo, en la franja de Gaza. Ya me parecía peligroso para su propio pueblo cuando se produjo, y me lo sigue pareciendo ahora que revientan sobre sus cabezas misiles y bombas supuestamente selectivas en su obsesiva y sistemática tarea de destrucción, pórtico de la invasión que vendrá. Ello no quita un ápice, desde luego, a que en lo más profundo yo simpatice con la causa palestina en su resistencia contra su liquidación como pueblo, en su rechazo a las imposiciones territoriales pactadas otrora y siempre a sus espaldas y en contra de sus derechos como pobladores de unas tierras que fueran "devueltas" por las convenciones políticas a sus muy antiguos convecinos. A mi parecer, los de antes y los de ahora están obligados a entenderse, a compartir y a vivir en paz cediendo para ello cada uno buena parte de sus pretensiones por muy legítimas que les puedan parecer. Podrá parecer utópico, no lo niego, pero no hay otra.

Está claro que no era concluso el escrito, sino el prólogo a mi radical condena de la actitud sangrienta del Estado de Israel, la tan vergonzosa de quienes alientan y justifican esta agresión (y la posterior invasión) en base a lo de "ellos empezaron". Me subleva sobre todo la prepotencia sionista, me recuerda al primo de zumosol ostiando a un bajito endeble al grito de "él me pegó primero". Siempre hay una razón para un holocausto, ellos deberían saberlo bien, pero eso jamás lo ha justificado. La desproporción es tan brutal que se pierde cualquier razón esgrimida para justificarla. La desproporción en sí misma es lo que define esta acción brutal, inmoral y sangrienta, manipulaciones informativas al margen. La desproporción y el dolor y la sangre y la angustia y la indefensión y la muerte.

¿Qué dirán de ella los compadres de Ehud Barak, ministro de Defensa de Israel, en la Internacional Socialista? ¿Expulsarán de su seno al laborismo agresor? Cuánta hipocresía...

Nota.- No es un árbol de Navidad erigido sobre el hermoso atardecer de Gaza. Son bombas de racimo.

domingo, 28 de diciembre de 2008

el clamor de los corderos

Esperaba ya la inocentada anual de Rouco, que suele caer por estas fechas posiblemente por aprovechar el plus de ternura que flota en el ambiente para arrimar el ascua a su sardina, y me han defraudado este año. Será la crisis, pero la convocatoria les ha salido rana, por muchos autobuses que hayan fletado con sus correspondientes pancartas igualitas. Vaya, 1.000 autobuses, qué barbaridad, lo mismo..., 54.000 personas dentro, si descontamos los conductores, más de 100.000 bocadillos... Estoy deseando que los chicos del manifestómetro publiquen sus conclusiones del guateque de hoy, pero a primera vista no creo que este año hayan alcanzado siquiera los 150.000 asistentes ya que no me parece que se hayan cubierto los 43.395 metros cuadrados del 2007. Es lo que tienen los números, que son cabezones y no dejan lugar para alharacas ni estimaciones de buen (mal) cubero. Mides los límites de la concentración (que como están de rodillas es más sencillo), lo demuestras con fotografías, calculas la superficie final ocupada y multiplicas los metros cuadrados que te da por 2, 3 ó 4 a lo más si te parece que están como piojos en costura, y voilá, sale lo que sale y el equipo episcopal miente y se tendrá que confesar de contra el cuarto mandamiento, aunque no esté de moda, con su millón a cuestas. Aunque a lo mejor es sólo una mentirijilla inocente, de esas de andar por casa. Seguro que no es de las mentiras gordas que valen para argumentar patrañas frente a un gobierno respaldado por los votos en las urnas en unos plebiscitos en los que no vale eso de "me han votado más de un millón" para denostar, combatir e impedir que se apliquen las legítimas decisiones que les perjudican.

La cosa era contra todo en general, ya que se trata de poner sobre la mesa algún peso para negociar, por una parte, y de hacerle ver al sumo pastor alemán lo bien que se cumplen aquí sus planteamientos por otra, pero específicamente contra la legalización del matrimonio homosexual, la despenalización del aborto y la entrada en vigor de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Lo de los homosexuales es algo que le trae a mal traer al Papa, ya que tira del tema con asaz insistencia venga o no venga a cuento. No creo que sea una fijación de su juventud, de cuando ingresó en las Juventudes Hitlerianas ni del año y medio que sirvió como soldadito del III Reich (más exactamente como flakhelfer, pío ayudante de artillería antiaérea), porque entre aquellos recios machotes no se debían ver con buenos ojos las desviaciones antinaturales que pudieran corromper a la raza aria, pero seguro que Freud mantendría una pintoresca opinión al respecto.

Del resto de esta inocente defensa de la familia hablaremos si os parece en otro momento. Hoy me preocupa sólo saber en qué lugar de honor se sentaba a esta eucaristía el presidente del Tribunal Supremo de mi país y por ende del Consejo Superior del Poder Judicial, Carlos Dívar, quien afirmara hace poco públicamente que "...sólo en amar a Cristo y hacerle amar, en una vida coherente y cabal, se encuentra la única y verdadera Justicia" o eso tan pintoresco que rezaba: "...los católicos, obedeciendo al Papa, nunca nos equivocamos" o que manifestaba su condena moral de cualquier tipo de aborto. Seguro que estuvo allí, en misa y repicando. Haciendo escuela. ¿Cómo es posible que un tipo así haya sido respaldado por un gobierno socialista? ¿Cómo no ha sido destituido inmediatamente de sus cargos quien se manifiesta en contra de aquello que representa?

Cualquier día tendremos que hablar de esto.

sábado, 27 de diciembre de 2008

devuelta

Saludos. Vuelvo por estos lares, ni lotería ni carretera han podido conmigo, por ahora. Valgan estas pocas líneas para que lo sepáis. Enseguida recomienzo las entradas, que hay cosillas suculentas. Esta vuelapluma es tan solo para agradecer vuestros comentarios y desvelos. Sirva también de prólogo a lo que venga después. Abrazos pringosos, que me acabo de comer un pestiño.

domingo, 21 de diciembre de 2008

autocita

Como nos tomamos unos días de asueto para cumplir cual se debe con las obligaciones familiares, que madre no hay más que una y a ti te encontré en Mercadona, he pensado dejaros algunos deberes, para que os acordéis de ella tanto como yo, en forma de entradas antiguas de esta misma bitácora. Pertenecen a otras y pasadas navidades pero es muy probable que por entonces quienes me honráis ahora con vuestra presencia ni siquiera os barruntarais de mi existencia, ni por supuesto de la cantidad de maravillas que por inadvertencia os estabais perdiendo, cosa que habríais podido corregir buceando en las profundidades de esta página pero que sospecho no habréis hecho por vaguería o acaso falta de incentivos, así que he decidido ponéroslo fácil y ver si, de paso, apruebo la asignatura de conjugación que llevaba atravesada.

Las referencias son las siguientes:
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2007/12/qu-pas-qu-gente.html
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2007/12/hoy-os-voy-confesar-algo-que-casi-nadie.html
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2007/12/la-vspera-i.html
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2007/12/la-vspera-y-ii.html
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2006/12/mi-cardo-en-salsa-de-almendras.html
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2006/12/esa-conocida-sensacin.html
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2006/12/aberracin.html
http://malablancayenbotella.blogspot.com/2006/12/saludos.html

Se me ocurre que, llegado el caso, tal vez las pudierais leer convenientemente espaciadas, una cada día, para guardarme debidamente la ausencia. Si tal os acontece, tened en cuenta que sospecho que el orden en que fueron escritas es justamente el contrario que el que guardan en este listado, qué enrevesado, pero así han venido dadas y no seré yo quien les lleve la contraria a los hados. Sí es cierto que no están todas, porque he querido destacar una que recuerdo con especial cariño por lo acertada y profundamente íntima que me salió, de un tirón, mientras preparaba la nochevieja pasada. Copio aquí su dirección http://malablancayenbotella.blogspot.com/2006/12/me-niego-cerrar-en-falso.html y os pediría que, si no vais a leer más que una, os decidiérais por ésta de la que me siento tan, tan orgulloso.

Prometo volver con vosotros cuanto antes, si el dios de la carretera lo tiene a bien y si no me toca la lotería, que andaré entonces muy ocupado contando los billetes.

Nota.- Copiar cada dirección y copiar en la ventana de vuestro navegador, que no sé por qué no me ha aceptado el link automático. Lo sorry.

viernes, 19 de diciembre de 2008

navidornos

Escuché este palabro en la tele y me ha encantado tanto que aquí os lo traigo, por su capacidad de síntesis y su voz sonora y rotunda. Es una palabra tan bonita que me hubiera encantado inventármela. Dices navidorno y te vienen de inmediato a la cabeza bolas doradas, estrellas del árbol, noeles rampantes, muérdagos con velitas, un caganer de Obama y hasta la burra que va hacia Belén cargada de chocolate lo que en estos tiempos tiene ya su mérito.

No sé a vosotros, pero a mí este año se me está haciendo la cosa navideña bastante más soportable que otros. Tal vez se deba a la crisis, esa tragedia que tanto juego les sigue dando a los humoristas con trabajo, pero tengo (y disfruto) la sensación de que hay algo en el aire, llámese pudor si bien se quiere, que está constriñendo que no impidiendo, faltaría más, las insoportables e interminables alharacas navideñas de otros años. Es como si los vendedores hubieran humillado la testuz ante la falta de su materia prima esencial, los compradores, o como si los voceros de la cosa hubieran comprendido que el personal no tiene precisamente el xoxo p'a ruidos, pero el caso es que suenan menos villancicos, sobrevuelan pocos pavos y pulardas, las lucecitas se han dividido por dos cual mitosis inversa y hasta parece que los jefes se han olvidado este año de la cena de empresa, sutil tortura malaya mejor muerta que viva, ¡qué cabeza la suya!

En todo caso, sea cierta o no esta impresión que me permite mantener un mínimo de fe en la capacidad de aprendizaje del género humano, los que no han olvidado su empeño son los fabricantes de colonias y perfumes, que siguen machacando desde todos los ángulos al espectador con su oferta interminable. Tanto aroma, tal derroche de fragancia por estas fechas era (y es, a lo mejor) uno de mis mejores argumentos a la hora de manifestar que, a mí, la navidad me huele mal. Algo deberá haber de hediondo en el entorno por estos días cuando la humanidad entera se abalanza sobre las más intrincadas fragancias en busca de bálsamo contra la fetidez navideña. O puede que esté traído por los pelos lo que digo y que la fabricación de estos pomos de diseño y de sus contenidos tan escasos como carísimos genere unos márgenes comerciales tan bestias que alienten y soporten con garbo ese insoportable gasto en publicidad.

Por mi parte, sigo creyendo que nada tengo que ver con lo que estas fiestas conmemoran y celebran.

martes, 16 de diciembre de 2008

rectificación. ¡¡ Le dió !!

Una breve entrada para ofreceros en "cuasiprimicia" el gif que rueda de vértigo por Internet corrigiendo alza y deriva de los disparos que comentábamos aquí ayer, hasta alcanzar la puntería que pretendían los rotundos zapatazos del airado periodista irakí al presidente de la nación más poderosa de la Tierra.

¿Qué os parece? Además, se puede repetir ad-infinitum, así que su duración y el número de impactos depende de lo que a cada uno le pida el cuerpo. Ya son numerosas las peticiones y rogativas que leo para construir un gigantesco pim-pam-pum con el trío de las Azores al completo, tantas que no me extrañaría que "adidas" esponsorizara el evento, aunque yo, particularmente, preferiría que lo hicieran los "Calzados Gorila" porque recuerdo que sus zapatos pesaban un montón.

Mientras tanto, animado por esta posibilidad (que también aceptaría en su corta versión patria), me he convertido en el miembro número 69.133 del grupo "Apuesto a que encuentro 100.000 personas que detestan a José María Aznar" de facebook, con lo que seguro me encuentro en buena compañía.

La misma que deberíamos juntar para exigir la inmediata liberación de Mutazar al-Zaidi, nombre que ya por fin se conoce del airado periodista con tanta razón y rigor ético como escasa puntería. No sea que se les escapen algunas "recomendaciones" de más y acabe en un hospital por hacer lo que se debería hacer siempre con un tipo que estaba allí, entre otras cosas menos confesables, para hipotecar a su sucesor Obama firmando casi a escondidas la retirada de las tropas de ocupación para una fecha seis meses más retrasada de lo que le había planteado el gobierno de la nación irakí y de lo que pretendía aplicar el presidente entrante. No dejará de joder...

lunes, 15 de diciembre de 2008

elogio del beso



Lo he visto y me ha parecido ejemplar. Me hubiera gustado ser él. Ser el periodista sin nombre que le arroja a la cara sus zapatos al más alto mandatario del país que ha agredido al suyo propio. El valiente que le arroja a la cara ante las cámaras, sin esconderse, todo su desprecio, el que manifiesta públicamente su deshonra. "¡Toma tu beso de despedida, cacho perro!", dicen que gritaba mientras intentaba afinar su escasa puntería. Le admiro, le envidio, estoy con él ahora que le deben estar calentando hasta los entresijos, sufro con él esos dolores que sospecho no son nada comparados con la inmensa satisfacción que debe sentir por haber hecho lo que debía. No callar. No achantarse. No dejarse llevar por el masivo y común qué buenos somos todos y qué civilizados. Extraerse de la comodidad del periodista bien pagado, recuperar la hombría de bien para clamar en su cara que condena su sangrienta agresión, aunque con ello hipoteque su futuro. Más caro les ha salido a sus hermanos. -La semana pasada el Iraq Family Health Survey (IFHS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicaron una estimación de los muertos por violencia en la guerra de Irak desde la invasión en 2003 hasta finales de 2006: entre 104.000 y 220.000, o 151.000 por fijar una cifra intermedia-. Seguro que X no es más que un puñetero periodista, ni sadamista, ni militante chií, ni heterodoxo kurdo, ni sunita enrabietado. Me apuesto la nariz a que es un sencillo ciudadano iraquí, de esos a los que las noticias convierten a menudo en meros números. - The Lancet llegó incluso a finales de 2006 a la cifra de 655.000 por encima de lo que sería una mortalidad normal, es decir, como causa de la muerte. Un 56%, de disparos, lo que significa que al menos en esa época, 500 personas eran ejecutadas cada día-. Puedo suponer sin esfuerzo que se trate de una persona íntegra y sensata, de un ciudadano de paz. Si no fuera así, tal vez en lugar de zapatos habrían volado un par de granadas de mano buscando la soez cabeza de este arrogante magnicida y llevándose de paso al colaboracionista al Maliki, primer ministro del títere gobierno actual de Irak y principal valedor del expolio petrolífico de su tierra. -Otra organización Just Foreign Policy va incluso más lejos, y ayer ya daba la cifra que revisa a diario de 1.168.058 muertos-. ¿Cómo puedes dormir sabiendo que todos esos muertos, entre los que un altísimo porcentaje son civiles y aceptables daños colaterales para el Pentágono, deberían haberse evitado? ¿Cómo permanecer impasible en presencia del fundamental causante de tanto dolor, de tanta ignominia? ¿De qué material están construidos los demás periodistas, que siguieron la rueda de prensa como si nada después del incidente? ¿Les quedan sentimientos? -Sin concretar número, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados en Irak (ACNUR) calculaba a principios de 2007 que cien personas morían a diario de media en Irak a causa de la violencia. Además, según la Organización Mundial de la Salud, siete de cada diez heridos por la violencia muere en los hospitales. Ahora estará detenido, arrestado por su propia policía, siempre y cuando Bush no haya pedido su cabeza envuelta en los calcetines que llevara para garantizarle un vuelo a Guantánamo vía Rota, que éste es como el nuestro, capaz de llevarse alguno por delante aunque tenga ya el pie en el estribo. Worn to kill tatuado en la frente. -Entre los invasores, 4.233 si se suman 174 británicos y 133 de otros paises (incluyendo 11 españoles). Heridos en combate 28.870 y otras bajas que requirieron transporte aereo (enfermedad accidente etc.) 30.537. Más 135 suicidios o auto-heridos y más de 140 periodistas fallecidos-. De modo que la costumbre de arrojarle un zapato a G.W.Bush debería extenderse y propagarse y reproducirse allá donde tuviera la osadía de presentarse en público, porque a ninguno nos faltarían razones. -Hasta el millón de muertos llega incluso un estudio elaborado por el instituto británico Opinion Research Business (ORB) y el Independent Institute for Administration and Civil Society Studies (IIACSS). El estudio, basado en entrevistas, incluye datos desde la invasión hasta septiembre de 2007-.

¿No os parece?

viernes, 12 de diciembre de 2008

economía

No me gusta opinar como esos que con cuatro nociones se creen que lo saben todo así que, antes de seguir escribiendo, ahí va una confesión. De economía no tengo ni idea. Ni somera, ni pajolera, ni puta idea. Lo que leeréis a continuación, y que os escribo desde la perplejidad, no aspira a ser más que un intento seguramente estéril de aplicar la lógica con la que me defiendo en los demás aspectos de la vida a este campo tan sublimemente especializado, tan técnico, que permite a los expertos en él escupir por un colmillo mientras te desconciertan con afirmaciones o previsiones sobre las idas y venidas del selectivo.

Una vez bien clarita esta mi nueva faceta de avisador, que no traidor, os comentaré alguna de las cosas económicas que me traen a mal traer últimamente. Por ejemplo, que el Estado esté apoyando con dinerito fresco a la Banca en dificultades, pero yo no oiga hablar de que ello esté generando un cambio en la disposición crediticia de la susodicha, e incluso lea que los Bancos siguen restringiendo los préstamos a particulares, familias y pequeñas/medianas empresas. Me desconcierta. ¿Es que no se están condicionando estas aportaciones dinerarias de nuestros impuestos a que los Bancos modifiquen ese comportamiento tan estrecho y poco solidario? ¿Se les aporta entonces liquidez a cambio de nada? En otro artículo de prensa, leo también que la Banca cerrará el año con beneficios. Ahí sí que ya no entiendo un caraho. ¿Soy tonto yo (tonto económico, desearía concretar) o esto es un contrasentido? Debe ser algo que todos entienden y a nadie preocupa, porque ninguno opina en este sentido desde la prensa ni lo escucho en la tele, así que mejor me tranquilizaré un poco en vez de echar las patas por alto. ¿O no debería?

Nuestro Gobierno, por otra parte, se reune con los empresarios y se compromete a apoyarles frente a la Banca, lo que está muy bien. Se supone que eso se hace para conservar el tejido empresarial (no confundir con Matesa) en estos tiempos de crisis. En este mundo capitalista, la empresa es la base de la economía y ellas tienen que andar bien para que todos estemos satisfechos. Hasta ahí creo comprenderlo. El Estado ayuda a las empresas y las empresas mantienen los puestos de trabajo. Todos contentos, ¿o no? Porque ya me empiezan a crujir las teorías cuando escucho al presidente de la confederación, en el mismo acto, presionar a Zapatero en su discurso exigiéndole abaratar los despidos. Bueno, él no lo dice de esta manera, pero eso es lo que plantea el tipo con lo flexibilizar el mercado laboral. Nadie pestañea, siquiera, ningún periodista pregunta. ¿Pero no se trataba de lo contrario? ¿No era la cosa que el Estado apoyaba a la empresa privada para que ésta conservara los puestos de trabajo?

Que a mí no me salgan las cuentas no es excepcional. En la microeconomía de mi casa hace tiempo que no salen. Pero tampoco me salen éstas, que son las más gordas. Tampoco entiendo nada, leo con fruición lo publicado y no me entero, nada va por donde uno se esperaba (empleo, consumo, reactivación...) a la hora de "salvar el capitalismo", salvo que uno entienda que se trata exactamente de eso, de conservar el capitalismo, es decir, la explotación de los de siempre y sus beneficios.

¿A ver si va a resultar que era eso?

jueves, 11 de diciembre de 2008

la partida

Ese día no llegó a la hora porque acababan de pegarle un tiro en la cabeza. A todos les extrañaba su tardanza ya que Ignacio era siempre un tipo puntual. Nunca llegaba tarde a la partida porque el tute le entusiasmaba. No lo perdonaba por nada del mundo y allí se plantaba todos los días, en la mesita del bar, al lado de la puerta de cristales, aunque cayeran chuzos de punta. Uría fue un punto fuerte del bar Uranga, en Loiola, hasta el día de su muerte. A lo largo de los años, a base de mucho asistir, algo fallar y poco cantar, acabó por congregar a su alrededor, hasta el arrastre final, cinco o seis amigos con los que compartir la tarde rotando parejas y apostándose las copas o los cafés. Entre otras cosas, esa era su manera de aportar normalidad al hecho incuestionable de vivir bajo amenaza, de aportar arriesgada lucided al delirio supuestamente ecologista de unos etarras que planeaban sobre su empresa y su persona con el señuelo de construir un mundo más justo y racional, respetuoso sobre todo con el medio ambiente, faltaría más, gora la brutal paradoja.

Lo mismo han hecho luego Miguel, Javier Uno, Manuel Uno, Javier Dos y Manuel Dos, los amigos de tantos años, tras velarle en el tanatorio, consolar a la familia, acudir al funeral y a la concentración de condena al asesinato que tan cerca les pasó. Aportar serenidad, reanudar la partida, recuperar la normalidad y buscar seguramente un sexto para cubrir el hueco que ha dejado el ausente y rendirle cálido recuerdo cada vez que cantan las cuarenta... Esa suele ser la manera callada y profunda en la que nuestra gente acostumbra a sufrir. El silencio. La evocación. El recuerdo afectuoso de su amigo Inaxio...

Claro que los populares no son el pueblo, sino otra cosa. La partida les ha bastado para profundizar ese mensaje manipulador basado en la interpretación sesgada de lo que sólo fue un homenaje sincero y sereno. Les ha faltado tiempo a Iturgaiz y compañía, sus tertulianos pagados expertos en socavar y propalar, para hacerse eco de otra distorsión artera de Pedro Jota. La sociedad vasca está enferma, claman. Inhumanos, insensibles, berrean. Ellos, que tanto entienden de gestos. Los que justifican Guantánamo y el genocidio de Irak, ese millón de muertos tan lejano del que fueron cómplices. Los mismos que están prendiendo en nuestra gente la llama de la desconfianza y el pánico al futuro. Los propagandistas del miedo. Los que desarman a la sociedad civil con tal de obtener resultados al servicio de sus intereses. Los que sin vergüenza enfrentan pueblo contra pueblo para servir a su señor y cobrarse luego a buen precio estos flacos servicios.

Su partida no es un arma arrojadiza, tontos de los cojones. Bellacos, miserables, ¡dejadles jugar en paz!

domingo, 7 de diciembre de 2008

de siempre

Ayer hablé por teléfono con Miguel. Llamó a casa cuando estábamos desayunando y nos tiramos sus buenos tres cuartos de hora de cháchara. Teníamos mucho que comentar, ...tanto que contarnos. Y por cierto que lo hicimos, ¡vaya si lo hicimos!, desde la confianza que da conocerse de toda la vida. Ni un silencio ingrato, ningún ángel atravesando la conversación con la parálisis en sus alas, ni un espacio en blanco. Todo de prisa, de corrido, de urgencia, todo chicha. Llevábamos unos treinta años de retraso y nos acabábamos de reencontrar merced a uno de esos muchos espacios sociales de nombre en inglés que abarrotan el cyberespacio y que, por fin demostraron para mí alguna utilidad. Ahí es nada, resumir las novedades de tantos años. De su voz llegaron a este rincón otros en compañía, Oscar, que tiene un apartamento en este mismo edificio y un barco junto al mío, a lado mismo, y sigue a medias en el pueblo, con los caballos, Napo, bueno, mejor no hablamos y noticias peores, Rafa murió, murió en mis brazos, le dio una parada y se nos fue, joder qué palo, y ¿qué sabes de Isabel? ¿Os seguís viendo?, también murió, de un cáncer, coño, tío, Isabelita...

¿Por qué nos dejamos de ver? Las razones para la diáspora de los amigos siguen siendo para mí un misterio, que sólo entiendo cuando compruebo que la vida, tu propia vida, nunca la escribes tu. Las cosas pasan, te pasan, les pasan a tu gente, y las vueltas y revueltas con que se desenvuelve la trayectoria de cada uno poco tienen que ver con los deseos profundos ni con las escalas de valores que mantengas. Son culpa de los hados o del destino para los antiguos, de los dioses para los creyentes o consecuencia coherente con el hecho de ser tan multifacéticos y plurifuncionales para los dialécticos. En nosotros confluyen cada día, ante cada decisión y de forma no siempre ordenada, las tensiones que generan cada una de nuestras particularidades o facetas, el trabajo, la pareja, la familia, la conveniencia, los estudios, el aprendizaje, la casualidad, la suerte, la oportunidad, el deseo, la necesidad, la ideología, el análisis, la síntesis... Qué os voy a contar, que la vida te trae y te lleva a su antojo y que el que se crea que dirige sus propios pasos es un auténtico primavera, más tierno que el día de la madre.

Hemos hecho planes para que esto no nos vuelva a pasar, a modo de inconfeso propósito de enmienda, y también sé que casi nunca se cumplen. Sólo que, esta vez, estoy seguro de que ambos pondremos de nuestra parte para que le den por el culo a la lógica. Pensando en ello, he recordado que debía rodar por ahí una foto que nos hicieron a ambos hace tiempo, y que algo debía importarme cuando ha sobrevivido a mi lado a más de veinte mudanzas. Rebuscando en mi particular modo de archivo, por los cajones, he dado con ella y es la que he escaneado y acompaña estas líneas. La he recuperado con orgullo y mirado y remirado para que no se me escapara detalle. Es curioso. Lo que más me salta a la vista, al verla, es lo profundamente moderno y avanzado para el año 70 que resultaba nuestro aspecto. Vivía Franco y, sin embargo, algunos como Miguel y éste que os habla ya éramos así. ¡Qué cojones!

sábado, 6 de diciembre de 2008

a contracorriente


Ni en dioses, reyes ni tribunos, cantábamos entonces, está el supremo salvador. Me vienen a la mente estas palabras de La Internacional tras contemplar en el telediario las celebraciones del trigésimo aniversario de la Constitución del 78, todos ellos juntos y en unión loando una superley por la que, pese a reconocerle su valor coyuntural, no me siento ni representado ni protegido en mi integridad; tras ver a Santiago Carrillo, de crema y oro, entrar en el Congreso de los Diputados y pensar yo para mis adentros que, en realidad, este hombre pasará a la historia por sus concesiones, gestos supuestamente tácticos que a lo mejor le honran como político pero que posiblemente le descalifiquen como persona; tras anegarme en las sonoras declaraciones de unos y otros cantando y no acabando la buena salud de esta Consti, su voluntad de permanencia y su proyección de futuro, bailando alrededor de la hoguera de su inmutabilidad para aparentar que ninguno sabemos que se habla de la monarquía cuando se defiende que es intocable; tras repicar en mi cabeza como un mantra su Artículo 14, con el que comienza el Capítulo II, acerca de los derechos y libertades: Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. ¿Los españoles? ¿Todos los españoles?

Creo que yo apoyaría esta Constitución del 78, a falta de poder cambiarla radicalmente, si al menos se me reconociera una nueva redacción de este artículo que me trae a mal traer porque en su actual texto percibo una gigantesca tomadura de pelo, un contrasentido que me persigue y me insulta, un sarcasmo que me impide a menudo proseguir la lectura de tan magna misiva, llámese carta. Si se me admitiera esta propuesta de redacción, el dichoso catorce quedaría así: Los españoles, menos el Rey y su familia, son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer otra discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Eso, o suprimir directamente los diez artículos (56-65) que empiezan con aquello de : La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad.

No necesito dioses, puedo prescindir con total naturalidad de los reyes y a los tribunos les soporto con distanciamiento y sentido crítico desde la certeza de que no dispongo del nivel de información real suficiente para hacer otra cosa. El paraguas del paternalismo lo cedo gustosamente a quienes teman salpicarse de las cosas terrenales de los hombres y las mujeres, para los que necesiten la figura paterna por reconocerse inermes sin su protección, para los que piensan en el otro lado con temor sin comprender que el aquí y el más allá son las dos caras inseparables de la moneda de la vida. Para ellos su dios y su rey.

Mientras tanto yo, los días 6 de diciembre, sólo celebro desde hace diecinueve años el cumple de mi hijo el pequeño y dedico buenamente la jornada a mis cosas. Antes, ni eso.

Nota: las claves de esta ilustración un tanto..., desconcertante, podréis encontrarlas leyendo entre las líneas de este enlace automático.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

del pensamiento grosero

A lo mejor es que estoy últimamente muy tiquismiquis, o lo mismo es que se me está exacerbando la sensibilidad con el paso de los años, pero lo cierto es que últimamente me ofendo cada dos por tres viendo la tele. No sólo por los criterios con que los informativos suelen ordenar su diaria ración de desgracias, horrores y demás intransigencias, que también, ni siquiera por las docenas de programas que te asaltan desde cualquier cadena construidos sobre la teoría del ventilador que salpica la porquería micronizada, presentados y desarrollados por seres con menos moral que las almejas, ni tampoco por lo que dicen, hacen o esputan esas docenas de supuestos profesionales del periodismo a los que en épocas no tan lejanas hubiéramos expulsado de cualquier Redacción que se respetase, huelebraguetas ya entonces -con mucho- lo peor de cada casa, ganándose la vida con el escándalo y el vilipendio, mofándose de la desgracia ajena y vomitando cobardes sentencias de vulgares cotorras que inventan lo que ignoran y atropellan personas, verdades o vidas a cambio de llenar la bolsa y la andorga, sino por la creciente sensación de que en general estamos perdiendo el Norte.

Que los marujones y marujonas ejerzan, parece ya casi normal. Están para eso. Pero lo malo es que ese subnivel imperante, además de contagioso hacia la ciudadanía (que premia su vulgaridad con audiencias millonarias) se extiende sin parar a otros sectores de la comunicación televisiva y eso empieza a resultar indicativo de un peligroso deslizamiento general hacia el pensamiento grosero. Humoristas como Quequé o Carbonell, con quienes habitualmente compartía criterios y puntos de vista, comienzan a exhibir sesgos en esa dirección demostrando que comienzan a profesar la religión de los valetodo, aquellos que confunden la libertad de expresión con sus posibilidades de manipulación de la realidad en beneficio propio, o los que exaltan los innegables valores de la sinceridad cuando ésta se utiliza como la patente de corso que les permite piratear a cualquier precio. Los mencionados, cada vez más a menudo, equivocan también los papeles y donde deberían hacer humor alcanzan altas cotas de grosería. Sobre todo en el tema de los parados, que a mi entender es de poca risa, y más en estos tiempos que corren en que cada día 6.000 familias reciben la dolorosa noticia de ser laboralmente prescindibles y socialmente secundarias.

Pongo un ejemplo para explicarme. Ayer, en "estas no son las noticias", de la cuatro, Ana Morgade se permitió ofrecer alternativas de trabajos diferentes para los parados, entre las que se encontraba hurgar con la mano hasta el brazo en el ano de un elefante (imágenes incluidas) para ayudarle a defecar. Sólo espero ver bailar la misma sonrisa en su cara si un día se encuentran ella y su responsable en la maldita situación y Ángel Cristo les contratara para este trabajo tan gracioso. Con Carbonell o el Wyoming me pasa algo tan similar que he dejado de verles. No me interesa nada su manera inconsciente de hacer una y mil gracias sobre la crisis y el paro. Tal vez si les dejaran de pagar un par de meses...

Aunque, hablando de pensamiento grosero, la perla de verdad es de nuevo la última de Tráfico, tildando de maltratador al padre que no le pone el cinturón de seguridad al hijo. Alguien debería entender que no, que no vale todo, que no es ni ético ni justo lanzar una acusación tan grave ni siquiera con la excusa de conseguir unos objetivos incuestionables y que, ahora y antes, quien piensa y mantiene que el fin justifica los medios no es otra cosa que un miserable.

viernes, 28 de noviembre de 2008

exilio

Hace pocos días me preguntaba mi chica si no echaba de menos Madrid. Era curioso, porque la misma pregunta me la acababan de hacer, en un corto intervalo, una amiga y un amigo, de modo que solo se me ocurrió irme al baño y auscultar mi cara ante el espejo. Nada. Por mucho que buceé en el fondo de los ojos, en las arrugas que ya blandean mi gesto y en las comisuras ocultas tras esta barba sempiterna, no encontré en mi gesto nada similar a la nostalgia. ¿A qué respondía, entonces, tan sospechosa coincidencia? De la época del materialismo dialéctico colegí que las coincidencias no existen, que toda reiteración expresa algo y esconde un oculto significado. Así que me repasé la jeta de nuevo, con vista de lince, caladas esta vez las gafas de ver, pero tampoco. Acaso creí vislumbrar en ella alguna nota aunque me pareció discordante, dirigida justo en sentido contrario al de lo que pretendía encontrar. Aprecié retazos de serenidad, apuntes de calma, aires de bienestar e incluso me pareció advertir, juguetona y fugaz, la cadencia morbosa (ahora sí, ahora no) con que bailaba la samba en mi entrecejo un algo parecido a la felicidad.

Sin embargo, acabo de leer en el correo electrónico las páginas de una revista que me envían regularmente y he encontrado en ellas dos eventos por los que sí me hubiera gustado seguir en Madrid. Tal vez allí hubiera podido enterarme previamente de sus convocatorias para personarme después, he pensado. Me habría encantado entonces desplazarme al Teatro Principal de Zaragoza para participar calladamente en el homenaje que, por fin, mis paisanos le han rendido al abuelo Labordeta y hacerle en nuestra tierra un rato de compañía, aprovechando que todavía está vivo. Y habría podido plantarme en la Sociedad de Autores para presenciar la salida a la luz del libro DE CHICHO, publicado por Hiperión en compañía del amigo Jesús Munárriz, su editor culpable, Alberto Pérez el mandrágoro o el eterno Moncho Alpuente. De siempre he adorado al genial Sánchez Ferlosio, con quien compartí galería en la cárcel de Carabanchel y canciones y desatinos en aquellos días franquistas de cervezas y siemprevivas, a quien dediqué una entrada añorosa hace justo un año por estas fechas.

Pero luego he pensado que seguro que no me habría enterado, aún estando en Madrid, que ninguna invitación habría llegado a mi correo, exactamente como ha ocurrido, y que parece bastante improbable toparse de manos a boca, en cualquier rincón de la capital, con alguno de los que me podrían haber invitado a ambos eventos y no se han acordado de hacerlo para que me dijeran, en un arranque de espontaneidad, algo así como: "Coño, Antoñito, estamos organizando la presentación del libro sobre Chicho... (añádase lo que proceda) y hemos pensado que tu no podías faltar, y tal y tal", sobre todo si seguía yo saliendo tan poco como antes de venirnos, así que les he escrito una nota en la revista para quedarme tranquilo.

Después de hacerlo, mi mente ha regresado a mi apacible exilio tan contenta y aquí sigo como ella, feliz, seguro de no haberme perdido nada que mis sentimientos no hayan disfrutado antes.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

semen

Lo leí ayer y se me pusieron los pelos como escarpias, aunque ya me coscaba yo algo así. Ahora está confirmado, gracias a un sesudo estudio. (Escribo sesudo porque es un adjetivo paraguas, protector, sin el cual un estudio cualquiera se queda en nada. Si le añades sesudo, palabro que jamás utilizarías en otra dirección, quedan confirmados su naturaleza indiscutible, sus nobles orígenes, su autoría benemérita e incluso su credibilidad científica, para que luego se ande por ahí discutiendo acerca de la ineficacia del adjetivo calificativo). A lo que íbamos, el caso es que resulta ya indiscutible (merced al jodío estudio de marras) que el semen de los españoles es de lo peorcito de Europa si nos atenemos a las características de volumen, movilidad y concentración que al parecer son las que definen la calidad de este producto en particular. Confieso que, la última vez que me lo vi, me pareció sin embargo muy concentrado, pero a lo mejor es que estoy mayor, o que andaba él pensando en sus cosas, sobre todo en su ineludible destino -me imagino-, o que yo resulte una excepción en toda regla, aunque tal vez mencionar aquí la regla no sea lo más oportuno.

El caso es que, puestos a comparar, mal que a algunos nos enseñaran de niños que comparar estaba feo, aunque puede que sea disculpable en este caso porque, os recuerdo, se trata de un estudio sesudo, y a estos se les permite todo, comparando, retomo, resulta que en esa calidad estamos muy por abajo del ranking, penúltimos o así, a años luz de sémenes pujantes y retozones como los noruegos, según admiran los estudiosos porque yo no he visto ninguno. Ya me lo coscaba yo, decía antes, aunque debí decir que ya me lo temía. Tantos años de masturbación no han podido ser buenos para la salud de nuestras gónadas, aunque sea de subrayar que, empero, de vista nos encontremos fenómeno por ahora, contradiciendo las febriles, vibrantes y apocalípticas anatemas del padre Samuel sobre la ceguera como conclusión inevitable a nuestras adolescentes e incipientes (aunque ya abundantes) prácticas onanistas.

En cambio, prosigue el estudio, nuestro semen patrio resulta, paradójicamente, de los más productivos del continente, situado a la cabeza de los proclives al aquí te pillo, aquí te mato, los campeones de Europa en embarazar a cualquier prójima casi sin rozarla, a vuelapluma, en un pispás, en un suspiro... Malo, pero cumplidor. Torpe, pero certero. Parece una maldición bíblica: eyacularás con avaricia y preñarás con eficacia. Seguro que es culpa de Franco esa escasa movilidad de nuestros perezosos gametos, condenados por la impuesta represión sexual más a las salvas que a la pelea pero menos a disfrutar del escarceo que al cumplimiento de un deber sagrado. Sospecho, incluso, que él personalmente, liberado por la edad de obligaciones maritales más creativas, hubiera podido dedicar buena parte de su sueldo, (equivalente a 43.000 euros mensuales, según acabo de leer, que se dice pronto), a desarrollar su adorado programa para proteger a la familia numerosa mientras, con la otra mano, azuzaba a los obispos para acabar con el sexo improductivo en nombre de su dios y la decencia.

Así nos luce, a estas alturas..., el semen.

sábado, 22 de noviembre de 2008

más de lo mismo

Lo que os quería contar el otro día era el proceso que concluyó con la destrucción de mi disco duro, no tanto para explicar las inopinadamente distantes y tartamudas apariciones de nuevas entradas que últimamente afectan a este blog como porque su origen me parecía y me sigue pareciendo un puñetero paradigma. Me explico.

La cosa viene de un antivirus que tenía instalado a prueba y que hasta el momento se comportaba tal y como de uno de su clase se espera. Se llamaba AVG (escribo en pretérito porque duerme desde ahora para mí el sueño de los in-justos) y la cosa iba tan bien en nuestra relación que hasta le permití actualizarse solito, como si fuera mayor. Craso error. De golpe, en una de esas actualizaciones (y con nocturnidad, que estaba programado a las tantas) le dio por interpretar como infecta a una pobre, inocua e inocente extensión del sistema operativo, concretamente una que dice ser y llamarse user32.dll. Hacendoso como él solo, el ínclito me asegura haber descubierto un troyano nombrado asín y, acto seguido, ausente cualquier información complementaria, me pregunta (qué gran invento lo de los cuadros de diálogo, algunas veces) si deseo mandarlo al limbo (el programa lo llama cúpula o algo así, ya ni me acuerdo) a lo que le respondo que bueno, que vale, que él mismo, que me alegro y que me deje en paz con sus impertinencias, que no me interrumpa a cada paso y que haga su trabajo como es su obligación. O marqué una casilla afirmativa, vete a saber, pero esa era la filosofía.

Olvidado el gesto, seguí en lo mío, que es lo vuestro y nunca mejor dicho porque estaba escribiendo una entrada, hasta que mi chica tocó el silbato de la cena preguntándome aquello de ¿qué te apetece cenar? que yo interpreto siempre como "deja de escribir, maldita sea, y haz algo de provecho o vente a hacerme compañía o las dos cosas...", así que quise dejar la máquina en suspenso y ya ahí, ante su manifiesta desobediencia a tan sencilla como habitual orden, supe que las cosas no iban por do solían y debían. Harto de tanta indisciplina, le quité la vida. Lo apagué y me fui a preparar la cena o a poner la mesa, que una cosa es estar preocupado y otra arriesgarse a estarlo más, con el run-run (otros lo llaman come-come, pero me parecía reiterativo e inutil antes de cenar) revoloteando por mis interiores a manera de alarma sonora y multicolor, que los adentros de mi cerebro parecían una feria. Augurios y malos auspicios que se confirmarían luego, como ya sabéis, con su terca negación a arrancar de cualquier forma o modo.

Pensándolo luego, a toro pasado, creí ver en este sucedido un paradigma de la sociedad en que vivimos y más aún de aquella hacia la que nos dirigimos. El uso de los ordenadores, la progresiva dependencia de ellos ad-infinitum, sospecho que dirigida, manipulada, perseguida y conseguida por quien corresponda, la creciente e imparable espira tecnológica (¡hala!) de nuestras necesidades y costumbres nos está abocando a convertirnos en seres inermes y reduce por consiguiente nuestra sociedad avanzada a una mera suma, sobre todo a efectos estadísticos, de indivíduos multidependientes.

Como un inmenso sarcasmo, bajo la apariencia de lo opuesto, agitando hasta la ceguera las banderolas de la libertad máxima, alguien está consiguiendo que formemos parte de un silente ejército de clones ciegos y aislados. Pertrechados todos de poderosas máquinas (pagándolas encima, ¿eh?, comprándoselas) que ellos mantienen por siempre en sus manos y de las que disponen a su antojo como si constituyeran las células de un viscoso organismo inmenso y obediente, unido entre sí por redes de neuritas, nosotros mismos alimentamos y desarrollamos los axones vinculantes que potencian hasta fuera de cualquier límite el alcance todopoderoso de la máquina única capaz de funcionar a su antojo cada vez que lo precisen sus intereses. El sistema y la red, el qué y el cómo, el what y el how.

¿Cuál será la tercera uvedoble real de la máquina? ¿Why? ¿Para qué?

viernes, 14 de noviembre de 2008

la confianza

Con los ordenadores hacemos continuamente cosas que nunca nos permitiríamos en ningún otro aspecto de nuestra vida. En casa, por la calle, con los amigos o la familia, jamás se nos ocurriría reiterar hasta la saciedad acciones tan arriesgadas como depositar toda nuestra confianza en algo que desconocemos hasta depender de ello. Pocos de entre nosotros (si descontamos acaso al amigo don Pedro, y aún siquiera...) tenemos algo más que una muy somera idea de los procedimientos, métodos, elementos, características, posibilidades o riesgos que asumimos al sentarnos ante un ordenador conectado a la red y, sin embargo, lo usamos a troche y moche sea para escribir secretas e incendiarias epístolas a los/as amantes, traficar en cuentas corrientes, esconder intimidades que enrojecerían a un carretero, piratear lo que se pueda, detallar escrupulosamente diarios tan privados como inconfesables, visitar pornografía de alto voltaje, suscribirse a páginas de pensamiento tan dispares como contradictorias..., y no sigo porque es inútil concretar los límites del mar, con lo que el cúmulo de peligros y riesgos se eleva a la enésima potencia.

Lo sé porque acabo de sufrir una experiencia memorable en el curso de la cual he padecido el dudoso mérito de sumergirme y navegar por las profundidades vírgenes de mi portátil, coquetear con la BIOS, repasar las decenas de miles de archivos, scripts, extensiones, aplicaciones o xxxxxxx de tan ignota procedencia como desconocida utilidad que pueblan los entresijos de una máquina a la que cualquiera puede poseer a distancia para violarla con su sexo sutil y viscoso, o clonar en su desnuda integridad sobre su recóndita pantalla u obtener una precisa y lasciva información de todo lo que tecleas y hasta refocilarse como voyeur de tu privada webcam, todo ello ladinamente, sin dejar huella, o al modo soberbio riéndose en tu cara.

He visitado los infiernos y testado los peligros concretos a los que exponemos todos los días nuestra intimidad por el puro gesto de encender un aparato y manejarlo como si fuera un microondas. Nunca la diferencia de conocimientos ha generado tanta indefensión. Jamás ha existido, creo, una distancia tan grande entre el común de los mortales, llamados usuarios, y la clase tecnológicamente avanzada. Si a esto le unimos que ética y moral son conceptos ignorados tanto por los hackers privados como por los fabricantes de tecnologías, el resultado que arroja esta perversa ecuación es que tu y yo estamos en manos de ellos, nuestro culo en un columpio y las entrañas al aire. Cosa que acabo de escribir a modo de aviso de navegantes aunque lo que os quería contar era otra distinta. Vaya, de todos modos, esto por delante a modo de prólogo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

el canto del cisne

El domingo murió Miriam Makeba nada más terminar de cantar. Murió enfadada, tragando quina, porque los organizadores le habían hecho intervenir al final de un largo concierto colectivo y a esas horas buena parte de los asistentes se había largado del patio de butacas dejándola plantada. Sólo unas pocas docenas de fieles aplaudían al elenco de participantes cuando la gran dama sudafricana hizo mutis definitivamente sobre el escenario, al viejo estilo, como hay que hacer. Qué mala pata, pata. Vas solidaria a un concierto contra la Camorra, en apoyo al escritor Roberto Saviano, amenazado de muerte por la mafia y no sólo te programan de las últimas, sino que a los que montan el escenario les chantajea la Camorra o la 'Ndrangheta calabresa para que paguen el impuesto (pizzo) pertinente, vaya sarcasmo, y encima eres tu, con tu fiebre a cuestas, la que va y se muere sin pena ni gloria. "Me habéis hecho esperar demasiado tiempo, y ahora ya no queda nadie", dicen que dijo a modo de prosaico epitafio. La eterna embajadora de las chabolas de Johannesburgo, exiliada de su país por su lucha contra el apartheid durante 30 años, la primera mujer negra en ganar un Grammy, la primera también en establecer simbólico vínculo de matrimonio entre el continente madre y los Panteras Negras norteamericanos, la tantas veces vanguardia..., paradójicamente afectada hasta el definitivo adiós por ser de las últimas.

A los 76 años se ha ido a patear las verdes praderas aquella mujer que apareció por sorpresa en los guateques de mi generación y lo ha hecho en unas condiciones que por su contenido surrealista resultan el más eficaz paradigma de las contradicciones en las que se mueve este loco mundo que transitamos. Ha sido el suyo el más genuino canto del cisne. Cantar para morir. El mismo día, un centenar de africanos intentaron romper las puertas de Europa con palos y piedras y tres guineanos pagaron con su vida en el Hierro el precio de su pasaporte al bienestar.

Cisnes negros de Mamá África que mueren mudos todos los días.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

la noche americana

Ha sido curioso cumplir años en mitad de la campanada electoral por la que los americanos del norte se han puesto de largo. Parecía que los hados se hubiesen empeñado en condimentar ese magno espacio y adosarlo a mi celebración personal, como si la esperanza del cambio en el país referencia del mundo mundial se arrimara a este rincón que habito, ahora azotado por los fríos resoplidos de un mar embravecido y oscuro, para aportar dimensión histórica a lo que cada año concebimos mi mujer y yo como una fiesta íntima. La televisión e Internet crepitaban previsiones vestidas de noticias cuando dieron las doce y recibí de frente la mirada enamorada de mi adorada, precediendo un beso de los que crujen el sentío y un hermoso reloj de pulsera que tampoco estaba mal. Emocionado por la sucesión de acontecimientos que acongojaban mis delicados adentros, me fui a bajar la basura, que había iniciado, acaso para unirse a la juerga, su particular revolución orgánica. La poesía, es que me puede.

Di un breve paseo luego para asomarme al mar y por un instante me pareció que Truffaut hacía de las suyas o que había bebido de más porque me vino a la mente un flash vívido y claro, se iluminó la escena y pude contemplar ante mis ojos el abigarrado esplendor de la playa en agosto. Luego, todo volvió a su normalidad oscura, lo que no tiene nada de raro porque eran las tantas de la noche. Había sido como el efecto cinematográfico de aquella vieja película, aunque por desgracia no apareció en el fogonazo ninguna dama siquiera parecida a Jacqueline Bisset, o como si la cámara de mis ojos hubiera adoptado por un segundo el celuloide trucado que hace de la luz sombras y noche del día.

Subiendo en el ascensor me froté los ojos tan fuerte que vi lucecitas de colores. Eran los colores de las barras rojiblancas y las luminarias me parecieron estrellas por lo que entendí el fenómeno como una premonición y supe en aquél momento, con toda certeza, que las elecciones iban a dar cumplido final a la larga noche americana, ¿cómo se dice?, ¿cómo se llama? Obama.

El hombre hará lo que pueda, o lo que le dejen los lobbys, pero para mí su sola presencia en la Casa Blanca ya es una satisfacción bastante. Con la seguridad de esa reconfortante certeza nos fuimos a la cama y retozamos como quinceañeros. A las seis menos cuarto me arranqué del arrullo y fui a comprobar en la tele que todo iba conforme debía. Eran menos diez cuando me adosé de nuevo a los calientes costados de mi bella durmiente con una sonrisa que sólo desapareció, imagino, cuando me volví a dormir tan tranquilo...

lunes, 3 de noviembre de 2008

felicidades

No sé si es mejor decir que se acerca o que se cierne sobre mí la fecha de mi cumpleaños, porque me debato entre la adjetivación y la objetividad. Hasta que el subjetivismo obligado en esto de los blogs se impone y elijo ahora decantarme por la primera opción. Amenaza en lontananza, decía pues, el día de mi aniversario y me voy a felicitar por ello pese a que su evocación apareja automático el recordatorio, excesivamente preciso, de la cantidad de años que llevo (al menos en esta encarnación, la única que concibo o que recuerdo) pisando estos lugares, primero en brazos, luego sobre ruedines, después en taca-taca, más tarde a pata y final y ya definitivamente sobre ruedas. Serán pasado mañana cincuenta y nueve años, a saber más de tres mil semanas y cerca de 21.535 días, ahí es nada, a pesar de que un amigo muy chuleta que tenía me repitiera con gracia, hace ya más de una década, que aparentaba dos días menos, y quisiera creer que sigo en ello.

Si éste fuera el mundo del río me importaría menos cumplirlos porque en cualquier momento podría renacer orilla abajo en medio de cualquier otra bandería, pero hasta donde yo alcanzo las divertidas elucubraciones del genial Phillip José Farmer no son aplicables al caso por lo que llegado este momento en el que es tradición echar la vista atrás y reconocer el camino recorrido me pongo a ello con entusiasmo digno de mejor causa. No creáis, no, que lo voy a hacer ante vosotros. No os merecéis esta tortura, porque sois buenos y me visitáis con constancia no exenta de paciencia, permitiéndome dislates y sonriendo incluso de media anqueta, a veces, ante mis divagaciones de verbosidad excesiva.

Si acaso, con vuestra anuencia, sí me gustaría haceros partícipes de alguna de las cosas que más lamento no haber hecho, o no haber hecho bien, o no lo suficiente, cuando las repaso desde mi punto de vista actual. Más me importan éstas que lamentar lo que haya roto en el trayecto o llorar por las cosas mal hechas, tanto porque se me da de miedo pegar los pedazos como porque resulta definitivamente imposible, como cualquiera comprende, hacer tortillas sin cascar los huevos (sin pelar patatas sí que sé hacerlas, algo es algo).

Pecho a lo hecho, que es invariable, me preocupa más lo que no hice y hubiera debido hacer, que es de lo que iba esta entrada. Resumo y concreto algunas de entre las confesables. Leer mucho más. Cruzar el charco. Mimar mi memoria. Aprender a navegar. Montar a caballo. Viajar sin medida. Saltar la banca. Ponerme detrás de una cámara. Hacer guiones para televisión. Llevar boina. Tatuarme en la espalda un fragmento de La rendición de Breda (toda no cabe). Presentar un telediario. Vivir un año de anacoreta. Reír a carcajadas. Montar en globo. Vivir en París el mayo del 68. Volar en helicóptero. Cantar bien. Acertar una quiniela. Cocinar el mejor couscous. Montar una buena orgía. Correr en moto. Hacer en pelotas el descenso del Vero (valen zapatillas). Leer mucho mejor. Componer un gingle. Saltar en paracaídas... ¡Ah!, se me olvidaba: y aprender a escribir. Cuando me acuerde de otras os lo haré saber.

Nota: Observad lo brillante que parecía ese niño para cómo resultó de mayor.

martes, 28 de octubre de 2008

de paseo

Me decía hace nada una amiga que anda por el Japón que todos somos turistas, aunque ella lo decía en el sentido viajero tradicional y yo lo interpreté en el de cercanías, pero creo que tiene razón sólo en parte. No todos lo somos, pero sí algunos. Hay demasiados que pasan la vida transitando los lugares habituales, convirtiéndolos en paisajes reconocibles, pero sin disfrutarlos. Es como asumir la realidad que te rodea para incorporarla al archivo de lo ya conocido, de lo inmutable, al perfil del entorno archisabido, con lo que se consigue indefectiblemente desnaturalizar tu propio marco geográfico, vaciarlo de humanidad y adocenarlo. Matarlo, de alguna manera, puesto que con ese procedimiento acabas con la percepción de la vida que hay a tu alrededor. Muchos lo hacen sin ayuda alguna, simplemente obviando fijarse en lo ya conocido, dándolo apriorísticamente por sabido. Otros se ayudan de cascos estéreos y atruenan su cerebro para que no trabaje y perciba lo justito. Otros leen, equivocando la ocasión y corriendo el riesgo de descubrir lo rápido que se desplazan las farolas cuando se ponen a ello.

Ayer rellené el plazo de espera de la pelu (donde luego me dejaron hecho un san Luis pero con las ideas a flor de evidencia) recorriendo con despacio los alrededores del lugar, por donde paso tan a menudo, en plan turista. Me descubrí la otra mirada y aproveché sus capacidades para captar docenas de pequeños detalles en los que nunca había reparado, incluyendo hasta callejuelas ignoradas, que no eran tan pequeñas. No fueron una ni dos cosillas, pues, sino que capté e inventarié montones de ellas, de olores, sonidos, contrastes, sensaciones, perspectivas inesperadas..., tantas que por un momento tuve la certeza de haberme desayunado churros y aguardiente, lo que no fue el caso pero al efecto como si lo hubiera sido.

Así que no es de extrañar que, todavía latente esta borrachera de percepciones, me abandonaran los reflejos que hubieran sido necesarios para responder correctamente a la curiosidad de Cristina, expresada en cuanto tomé posesión de su particular potro de tortura, y fui y le dije que sí, que vale, sin reparar en que lo que me acababa de preguntar, a modo de saludo y sospecho que a traición tras interpretar-y-decidir-aprovechar mi desconcierto pasajero, había sido algo así como "¿muy cortito, no?"

Para cuando quise darme cuenta y reparar mi error, coronaba ya la maquinilla al dos la mitad de mi cráneo, y subiendo, hasta que conseguí detener su devastadora maniobra a la altura de donde los curas de antes marcaban tonsura, más o menos. Y así ando yo ahora, las ideas al fresco pero feliz por los hallazgos de mi turismo interior. Una mañana redonda.

viernes, 24 de octubre de 2008

S.O.S.

Atribulado estoy. Tengo todo el cuerpo malo, que se cantaba entonces. ¿O era acalorado? Vete a saber, lo mismo lo recuerdo en cuanto impasible el alemán deje de hacer travesuras y me devuelva las palabras que ha escondido para hacer unas risas a mi costa, como si tuviera algo de gracioso cambiarles las letras a las canciones de mi vida. Esta disquisición no resta certeza a mi aserto inicial. Ando atribulado, cariacontecido, compungido y hasta un poco, quizás, jodido desde que me he enterado de que se van a morir los blogs. Miro al mío con cariño, le acaricio el estilo y la frente y un suspiro se me va por la pechera abajo émulo de epitafio. Pobrecito. Y yo que le creía dotado de una salud de hierro... Miro los blogs de otros, leo a los amigos, me distraigo con las diatribas de un desconocido simplón, repaso los comentarios... ¡No me lo puedo creer! Parece todo tan normal...

Como va de canciones, me acuerdo de aquella en la que el vídeo mataba la estrella de la radio. Me vienen a la cabeza luego, a raudales, las fatídicas conjeturas disfrazadas de certezas de los apocalípticos, esos seres inanes para los que las enseñanzas de la vida importan menos que una buena orgía de sangre y fuego, esos a los que parecen excitar hasta el orgasmo las condenas a muerte producto sólo de su inmensa necedad, de su falta de conocimiento acerca de cómo la cosa se mueve desde siempre, de cómo el ser humano asume la coexistencia de contrarios y la llama evolución. La imprenta matará la conversación, el teléfono acabará con las charlas de café, la radio causará la desaparición del disco, la televisión finiquitará la radio, la imagen conducirá a la extinción del libro, el fax conducirá la correspondencia hacia su desaparición, internet arruinará los periódicos y los gratuitos llevarán a la extinción a los diarios de pago, youtube enviará la televisión al otro barrio... Lo mismo y más de lo mismo, ¡qué hartura! ¡Qué hartazgo de agoreros!

Nunca entenderé la erótica de estos voceros de la desgracia, ni qué les pone tan cachondos, como jamás me reiré como un lelo de la factura que pagamos y pagaremos por esta crisis mundial apenas iniciada. Mientras tanto, a fecha de hoy, me divierte una buena conversación compartida con buenos amigos en un café, hablo por teléfono cuando se me antoja (vaaale, lo justito) oigo discos y cd,s, pongo la radio si me peta, leo un buen libro en cuanto puedo, escribo y recibo más cartas que nunca, disfruto del 20minutos o compro aleatoriamente prensa nacional y local, me cuelgo de la tele si hace falta y disfruto de escribir lo que se me ocurre y ponerlo aquí colgado para que lo lea quien bien le parezca mientras echo mis barbas a remojar y elevo una pagana plegaria a santa Rita que me quede como estoy con la que está cayendo sobre nuestros bolsillos.

Y aquí seguimos.

domingo, 19 de octubre de 2008

a vueltas con las palabras

Ya se decía por aquí el otro día que no estaría mal refundar el diccionario, al estilo de la propuesta de Cadalso, o exigir a las voces públicas un más decente apego a los significados reales de las palabras, porque si no algunos van a tener que llevar sobre los lomos de forma permanente una cabina con traductor simultáneo incorporado, con lo que pesa eso.

Así, por ejemplo:

- Cuando desde la Renault dicen que van a incrementar la producción de vehículos, lo que quieren decir es que preparan un ERE que afectará a 5.500 trabajadores. (Lo que, por cierto, a lo mejor no es tanta contradicción si a los que mantienen el puesto de trabajo les encaloman la jornada europea de 65 semanales, y si no te gusta, ya sabes...).

- Cuando Rajoy dice que las medidas económicas del gobierno favorecen a los bancos y se olvidan de los trabajadores, lo que quiere decir es que cada vez le falta menos para presentarse a líder sindical.

- Cuando MacCain basa no ya toda su campaña presidencial sino el resto de su figura política en su condición de héroe de guerra, lo que quiere decir es que hay que olvidar que fue un delator, según él mismo reconoció en el pasado "Había decepcionado a mis compañeros, a mi país y a mí mismo", que firmó una confesión a cambio de que le hospitalizaran, que fue fue uno de los pocos que rompió el código militar y cedió a la presión de los agentes vietnamitas durante los interrogatorios.

- Cuando Esperanza Aguirre, alias Clarence, dice que lo de Garzón es esperpéntico, lo que quiere decir en realidad es que mejor sería dejar a los muertos en las cunetas, que a ella qué más le da.

- Cuando el funesto "Pepiño" exclama en público: "Tengo un asco al Madrid que no lo puedo ni ver", lo que quiere decir es que se alegra de que Gallardón y Espe gobiernen en la capital durante muchos años.

- Cuando Rodríguez Zapatero anuncia que entraremos en recesión en 2009 si la citada recesión lo es "a nivel" global, lo que quiere decir es que entraremos, que nos vayamos preparando.

Y así hasta mil, por lo que veo cada día. Admito complementos (según la acepción primera del de la RAE: Cosa, cualidad o circunstancia que se añade a otra para hacerla íntegra o perfecta).

miércoles, 15 de octubre de 2008

the Blog Action Day y los 385 gramos

Todos los días me peso por las mañanas, en una báscula supercalifragilística que tenemos aparcada debajo del lavabo del baño principal, justo antes de desayunar. Es como un rito, pero sin más gestos mágicos que los precisos. Me descalzo, la extraigo de su plaza y me encaramo sobre ella (confieso que a veces me ronda por la cabeza cuando voy a hacerlo un "que se joda", inexplicable porque hasta donde alcanzo ella no me ha hecho nada) hasta que arroja un resultado en dígitos de esos formados por la diferente aunque precisa disposición de esos modernos y estirados paralelogramos a los que algún ignorado impulso consigue resaltar, que eso sí que es para mí magia pura. No os diré cuánto, pero si hablamos de arrojar, ella arroja lo suyo. Luego, todos los días apunto el resultado en una libreta que escondo de inmediato, no vaya a ser que tenga que verla sin estar preparado. Bueno, el caso es que tras la ceremonia de esta mañana me he vuelto a sentar al ordenador, dispuesto a celebrar como se debe que hoy, 15 de octubre, es el día del blog, escribiendo algo a tal efecto y, con el fin de dejarme guiar por los que saben, me he conectado con la página oficial del evento para buscar alternativas pero me he encontrado, ay de mí, con que estaba escrita en inglés. Soy tan antiguo que mi segunda lengua era el francés, qué le vamos a hacer. Tal vez sea por eso por lo que me ha cabreado tanto encontrarme de manos a boca con que unos pintamonas que lanzan a la red una idea supuestamente universal ni siquiera se toman la molestia de hacerlo en otras lenguas en las que, por cierto, se escriben al día algunos centenares de miles de blogs, qué coño, de bitácoras. Estaba en ello cuando un providencial retortijón me ha venido a recordar que el segundo café con leche de la mañana estaba haciendo su oficio, por lo que he salido a buen paso a encerrarme con el señor Roca, como hago también cada mañana. En mi cabeza se entremezclaban mi cabreo con los del día del blog de los cojones con el recogimiento propio de mi genuflexa postura y también con algo parecido a la satisfacción, ¿por qué negarlo? al comprobar que la mayoría de los anuncios de la televisión me resbalan ya que mi tránsito resulta excelente (algún día escribiré algo sobre este país en el que los estreñidos han tomado el poder y perdido la vergüenza). Al terminar y tras proceder a las maniobras que la higiene establece, me ha venido a la memoria un loco maravilloso con el que estuve en Carabanchel que llevaba siempre en el bolsillo una botellita con alcohol y un pequeño saco repleto de algodón, ya que sostenía un combate frontal contra el papel higiénico porque lo consideraba todo lo contrario. Se llamaba, creo, Gonzalo noséqué y estaba en la trena por haber escrito un libro titulado "Los encartelados" con el que tanto bromeábamos uno al que decíamos el taxista-leninista y yo mismo, aunque de verdad creo que la risa era en venganza porque siempre nos ganaba al ajedrez. Tal vez la causa de esta mojada evocación haya que atribuirla al uso por mi parte, a modo de guinda final, de esas toallitas húmedas que tanta satisfacción aportan al común de los mortales desde que aparecieron en el mercado. Pero el caso es que en mi cabeza bailaban para entonces una numerosa familia de grillos y, acaso por eso, tuve la peregrina idea de volver a sacar de su plaza la supercalifragilística balanza y subirme a su chepa sintiéndome muy gamberro. Ahora sé que mi alma pesa 21 gramos y les dedico a los del día del blog los 385 gramos que arrojó de menos la báscula por no escribir ni su convocatoria ni su página en esta bella lengua de Cervantes.

A la mierda.

lunes, 13 de octubre de 2008

palabras, siempre

Me preocupan las palabras. Si ejerciera mi profesión de periodista diría que vivo de ellas, pero no es el caso. Lo que no quita para que me sigan preocupando, no tanto ellas como la perversión sistemática de sus significados. Nada es ya como se dice que es. Todas las palabras, las importantes y las del montón, van adquiriendo poco a poco, con cierta insidia, significados bastardos que hacen difícil entenderse y complicado dialogar. Cuando Fedeguico habla de libertad, sé que se refiere a otra cosa. Cuando en la Bolsa esgrimen regulación, debo entender que hablan de mantener sus beneficios. Cuando una patera se hunde, la prensa habla de ilegales o de inmigrantes clandestinos, pero no dice náufragos. Así hasta el millón, o más, las palabras han abandonado su fidelidad al diccionario y se ofrecen como putas al mejor postor para cambiarse de bando. O a lo mejor es que hay demasiados que prostituyen las palabras y a las pobres las hemos dejado indefensas, al pairo de una sociedad que las usa para engañar a través de ellas. Sí, debe ser por eso que andan las pobres enfermas y acomplejadas. No es extraño encontrarte con una paz envejecida cuya zeta es el cabestrillo en que reposa sus heridos miembros. El otro día me crucé con ella en mi paseo mientras contemplaba el daño que hace el agua en una playa, valiente pero aparente contradicción que ilustro aquí al lado. Me pareció una metáfora de lo que os estoy diciendo, por eso no me importó en absoluto que la pobre, ensimismada, ignorara mi respetuoso saludo. El agua de la lluvia, mensajera de ese destrozo de la naturaleza que llaman cambio climático, ocupa sus lugares y da por fluir por donde solía, sin aceptar que en medio de su espacio natural alguien haya construido un muro, un adosado o una carretera. Llegado el caso, se lo lleva por delante y santas pascuas. Rezo a mi dios inexistente para que no tarden mucho las palabras en hacer lo mismo con cuanto han construido a sus espaldas.

Lo escribe mucho mejor que yo García Montero entre las bárbaras inquietudes que le estoy leyendo, pero ya lo anunciaba en la segunda mitad del XVIII otro listo ilustre, el gaditano José Cadalso. Leo a García Montero pero no en su supuesto fuerte, que es la poesía, sino en su escribir comprometido con la realidad de la actualidad, que también rima. Debe ser como yo, un pesimista ilusionado, o yo como él, vete a saber. Cadalso murió joven pero dejó tras de sí varias joyas de enorme ingenio y largo alcance. Juro que se le lee como si fuera literatura contemporánea. Cuenta en una de sus Cartas marruecas que anduvo don Nuño tan preocupado ya entonces por lo que aquí hablamos que se proponía escribir un diccionario con los significados reales de las palabras. Lo escribía así: "Mi ánimo es el publicar lisa y llanamente el sentido primitivo, genuino y real de cada voz, y el abuso que de ella se ha hecho, o sea, su sentido abusivo en el trato civil. -¿Y para qué se toma ese trabajo? -me dice un señorito, mirándose los encajes de la vuelta. -Para que nadie se engañe -respondí yo, mirándole cara a cara-, como yo me he engañado, por creer que los verbos amar, servir, favorecer, estimar y otros tales no tienen más que un sentido, siendo así que tienen tantos que no hay guarismo que alcance". Podéis leerlo íntegro en la carta VIII reproducida en esta maravillosa página en la que os recomiendo, por otra parte, bucear a destajo.

No lo lamentaréis.

sábado, 11 de octubre de 2008

de La Habana ha llegado un barco cargado de...

Pretendía compartir algunas cosas que voy encontrando en la red, o que me mandan los amigos, y me ha venido a la cabeza la frase del título que creo recordar era de una canción, o de un juego infantil de adivinanzas. Valga como introducción, porque hoy de allí apenas llegan noticias y las que llegan cuentan más fracasos que alegrías, como si vinieran del parquet. Pero encontrar cosas válidas, sensatas, divertidas, geniales o llamativas en la Red tiene algo de eso, de llegada del barco de ultramar. Internet es como un barco que llega a tu ventana y te trae de todo en su panza, en la sentina, la santabárbara y hasta en el palo mayor, que decía una canción del proyecto de opereta que escribíamos un día con Moncho y Joss. Te arrima también noticias de allende fronteras, de amigos casi olvidados, escritos que te complacen o sublevan, miradas de soslayo, opiniones como abejorros, feroces contradicciones..., hasta que de golpe haces balance y extraes algunas gotas del limón como su jugo, que es lo que pretendo hacer yo ahora, para que lo bebáis a vuestro gusto, sólo, con cola, cerveza o sirva para darle el toque a una mayonesa elaborada como mandan los cánones.

Este vídeo, que no es de ayer, me lo manda Xan desde Galicia y me ha parecido una manera entrañable de acercarse al conocimiento de la crisis del capital que nos invade. Va subtitulado y me he reído un montón con él.



Esta maravilla me la envió mi gran amigo Jorge, dibujante espléndido y músico clandestino. Igual que Shakespeare dijera "desconfía del hombre que no tiene música en su corazón" (El mercader de Venecia, creo), yo desconfiaría de los que ignoran de qué estamos hechos, por lo que confiaría a ciegas en el autor de este dibujo sublime.

Aunque con algún retraso, no me resisto a reproducir aquí el dibujo con el que el eterno Forges evocó la sentida muerte de Paul Newman:











Otro día seguiré con una nueva entrega, que la máquina de subir cosas se está poniendo boba, pero no me resisto a terminar con un juego que podréis encontrar aquí. Se trata de convertirse por unos instantes en un diablo cojuelo para ir abriendo ventanas en una espléndida panorámica de Paris. Las abres y miras lo que hay dentro, el sueño del Acteón que todos llevamos dentro.

miércoles, 8 de octubre de 2008

el cielo y la crisis

En tiempos de crisis, la gente mira el cielo. No tanto en busca de alivio, creo yo, sino para verlas venir. En el 29, por ejemplo, los que miraban al cielo en la Gran Manzana lo hacían sobre todo para evitar que les cayeran encima alguno de los muchos brokers de Wall Street que echaron a volar por esas fechas, más que buscando inspiración divina para adivinar las fluctuaciones de la Bolsa. Las miradas al cielo de ahora tienen más que ver con la contemplación del desplome del Nikkei o del Dow Jones, por no mentar al selectivo patrio. Pero eso no desalienta a los curas. Jamás permitas que la realidad te estropee un buen sortilegio. En cuanto ven que la gente mira al cielo, los obispos y esas gentes que viven de la magia se engallan y sacan pecho porque creen que ha llegado su hora de jugar a ganador y se aprestan a hacerlo como lo hacen siempre, con ventaja.

Unos claman por refundar el capitalismo a la sombra de la moral, pero cuando entendemos que se refieren a la suya se nos vienen abajo las expectativas. Que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda (tiemblo al imaginar la ignorancia requerida de las dos extremidades hacia lo que haga algún otro miembro singular por libre), que ignore el Papa lo que hacen sus mensajeros USA, que no sepa el Vaticano lo que hace Rouco aquí con el bachillerato…, hasta donde yo alcanzo ésta era ya la estrategia del capitalismo antes de que nadie amenazara con refundarlo. No hacen falta estas alforjas para tan manido viaje.

Otros la emprenden de paso con el más débil, como son para la Iglesia los homosexuales, siempre que no sean curas, por pescar a río revuelto. Así vemos como, jocosamente, el capellán de la Bolsa de Londres (¿qué coño pinta un Capellán en la Bolsa, qué pinta una misa para abrir el curso de nuestro Tribunal Supremo?), un tal Peter Mullen, escribe en su blog, según informa el Telegraph, que a los homosexuales habría que tatuarles en la espalda frases como la sodomía puede dañar seriamente su salud, para que las leas como cuando estás procediendo o la felación mata, que ahí ya la postura para leerla en plena acción se me escapa por imposible si el tatuaje se encuentra donde el deslenguado describe... Este heredero de Austwisch afirma para justificarlo, en broma, claro, que la homosexualidad es "claramente antinatural, una perversión y la corrupción de los instintos naturales y los afectos", además de "causa de enfermedades fatales", por lo que a sus practicantes habría que tatuarlos a fuego como si fueran cajetillas de tabaco o judíos o gays en Treblinka.

Estando como está la Bolsa, en Londres y en todo el mundo, no me negaréis que es toda una proclama de independencia de pensamiento la de este fulano capellán, que sería inexplicable si no se interpreta como su particular aportación al río revuelto, en línea con el rechazo del Vaticano al embajador francés propuesto por París (hasta ahora el secretario general adjunto de la Cancillería francesa Jean-Loup Kuhn-Delforge) debido a su condición homosexual militante. El mundo, ahogado, pero ellos, a lo suyo. A mover peones.

Está demostrado que, en épocas de crisis, es casi mejor no mirar al cielo.

Nota.- Foto del capellán Mullen mirando al cielo, tal y como le veo yo, en broma.

martes, 7 de octubre de 2008

anonadado

Me ocurrió también el 11 de septiembre de 2001 y así mismo delante de la pantalla de la televisión, como me pasa ahora. Aquel día, acodado en la barra del bar-restaurante en el que solíamos comer los currantes de dos periódicos semanales, periodistas casi todos, soldado literalmente a ella durante horas, no pude apartar mis ojos de la tele mientras el resto de mis compañeros, en una mesa larga y estrecha, daban cumplida cuenta del menú del día, ajenos al sonido de las trompetas de Jericó que atronaban a su lado. Anonadado entonces, mi cerebro grababa y guardaba y luego reseteaba la primera imagen del avión hendiendo una de las torres gemelas mientras en una esquina del mismo se iba haciendo sitio la idea de que nada después de aquello sería como antes. Creo que me perdí un buen cocido, pero a cambio obtuve la mirada profunda del que ve y comprende, vaya lo uno por lo otro.

Me está pasando lo mismo ahora. La misma sensación, idéntico drama. Otra vez me está siendo dado contemplar con los ojos de ver el preciso instante en que el imperialismo muestra desnudos aquellos pies de barro que le pronosticaron los marxistas de mi cuerda hace tiempo, de nuevo el gran teatro del mundo desfila ante mi en directo, escena tras escena, en un pornográfico desnudo de las incontables vergüenzas del sistema que se sustenta exclusivamente en el dorado becerro del beneficio. Uno detrás de otro van quedando a la intemperie los meollos malolientes de esos grandes bancos hasta hoy mismo rebosantes de miles de directivos de intachable traje alpaca gris, soberbios y deslenguados guardianes de la moral pública mientras con la otra mano invierten por debajo de la mesa el dinero de otros en el barro del máximo beneficio aunque sea fruto corrupto de la basura hipotecaria. Hipocresía, lección uno.

Anonadado también mientras aprecio los patéticos esfuerzos de los gobernantes del primer mundo, llamado sarcásticamente del bienestar, por asegurar las inversiones de sus súbditos en esos mismos bancos (que lo son todos) , haciéndolo con su propio dinero, conscientes al máximo de que todo el alambicado sistema se puede venir abajo arrastrándoles consigo en cuanto los auténticos protagonistas, hasta hoy mindundis despreciados, vapuleados, explotados, engañados, estafados, vilipendiados, reducidos a un número de cuenta, esos millones de individuos como vosotros de los que todos se han servido hasta hoy sin vergüenza ninguna, decidan retirar de golpe su dinero de las arcas de las entidades que les machacaban para guardarlo bajo el colchón hasta que escampe. Renace el fantasme del corralito. Ahora la palabra clave es confianza, donde hasta ayer era sólo explotación. Hipocresía, lección dos.

Ante este espectáculo, reconoced conmigo que nada tienen que hacer las hazañas del Barça, las escaladas de Contador ni las disquisiciones costumbristas de este escribidor.