viernes, 24 de octubre de 2008

S.O.S.

Atribulado estoy. Tengo todo el cuerpo malo, que se cantaba entonces. ¿O era acalorado? Vete a saber, lo mismo lo recuerdo en cuanto impasible el alemán deje de hacer travesuras y me devuelva las palabras que ha escondido para hacer unas risas a mi costa, como si tuviera algo de gracioso cambiarles las letras a las canciones de mi vida. Esta disquisición no resta certeza a mi aserto inicial. Ando atribulado, cariacontecido, compungido y hasta un poco, quizás, jodido desde que me he enterado de que se van a morir los blogs. Miro al mío con cariño, le acaricio el estilo y la frente y un suspiro se me va por la pechera abajo émulo de epitafio. Pobrecito. Y yo que le creía dotado de una salud de hierro... Miro los blogs de otros, leo a los amigos, me distraigo con las diatribas de un desconocido simplón, repaso los comentarios... ¡No me lo puedo creer! Parece todo tan normal...

Como va de canciones, me acuerdo de aquella en la que el vídeo mataba la estrella de la radio. Me vienen a la cabeza luego, a raudales, las fatídicas conjeturas disfrazadas de certezas de los apocalípticos, esos seres inanes para los que las enseñanzas de la vida importan menos que una buena orgía de sangre y fuego, esos a los que parecen excitar hasta el orgasmo las condenas a muerte producto sólo de su inmensa necedad, de su falta de conocimiento acerca de cómo la cosa se mueve desde siempre, de cómo el ser humano asume la coexistencia de contrarios y la llama evolución. La imprenta matará la conversación, el teléfono acabará con las charlas de café, la radio causará la desaparición del disco, la televisión finiquitará la radio, la imagen conducirá a la extinción del libro, el fax conducirá la correspondencia hacia su desaparición, internet arruinará los periódicos y los gratuitos llevarán a la extinción a los diarios de pago, youtube enviará la televisión al otro barrio... Lo mismo y más de lo mismo, ¡qué hartura! ¡Qué hartazgo de agoreros!

Nunca entenderé la erótica de estos voceros de la desgracia, ni qué les pone tan cachondos, como jamás me reiré como un lelo de la factura que pagamos y pagaremos por esta crisis mundial apenas iniciada. Mientras tanto, a fecha de hoy, me divierte una buena conversación compartida con buenos amigos en un café, hablo por teléfono cuando se me antoja (vaaale, lo justito) oigo discos y cd,s, pongo la radio si me peta, leo un buen libro en cuanto puedo, escribo y recibo más cartas que nunca, disfruto del 20minutos o compro aleatoriamente prensa nacional y local, me cuelgo de la tele si hace falta y disfruto de escribir lo que se me ocurre y ponerlo aquí colgado para que lo lea quien bien le parezca mientras echo mis barbas a remojar y elevo una pagana plegaria a santa Rita que me quede como estoy con la que está cayendo sobre nuestros bolsillos.

Y aquí seguimos.

3 comentarios:

Más claro, agua dijo...

Querido Antonio: si en algún momento hay que morir, que sea de risa, que es lo que más les jode a esos agoreros de lo ajeno ;-)

oyana dijo...

No he profundizado mucho en el tema tan interesante que propones. La sociedad y sus costumbres cambian y avanzan a una velocidad de vértigo y parece que nos enganchamos siempre al último tren y que , al hacerlo, abandonamos los anteriores. Y creo que no es cierto. El otro día hablabamos en mi blod de la adicción a los blogs y creo que, para cada bloggero, su blog es un hijoto-librito que alimenta con cariño y con los comentarios de los demás. Sin embargo, no he dejado de leer libros, ni de escribir a mano, ni de tomar café con los amigos. En los congresos se han puesto de moda las presentaciones -superficiales- a base de powert points. Yo los he usado, pero he vuelto a la comunicación a través de la palabra, sin tecnología. Y se me escucha y, además, se genera debate.
No creo que el blog esté obsoleto. En todo caso, eso lo tendríamos que decir nosotros y creo que nosotros, todos, estamos encantados y miramos a nuestros bloggs y a los que leemos habitualmente, con un inmenso cariño.
Un beso

Gustavo dijo...

Querido Antonio: la muerte de los blogs está cantada. Pero no me malinterpretes: quiero decir que, como todo, aprovechando esta extraordinaria proliferación, han surgido blogs de todo tipo: profesionales, como el tuyo, intimistas, de colegas, de asociaciones y de mentirosos (ya sabes quiénes). En esa misma noticia que enlazas alguien decía que qudarán solo los buenos; yo pienso que quedarán los buenos y esos otros que no tienen ningún ánimo de trascender: los intimistas y los de los colegas que cuelgan las fotos de sus excursiones y esas cosas.
Un buen amigo bloguero me dijo una vez que no había que dejarse esclavizar por el blog: su dueño eres tú, y debes escribir cuando tú quieras, cuando te aptezca, y no por el número de visitas y todas esas cosas por las que muchos usuarios de diversos medios de internet se matan.
No creo que ni el tuyo ni el mío ni el de ninguno de los que aquí te comentan vayan a desaparecer porque pase de moda o nos quedemos sin visitas, a menos que lo queramos nosotros (o cierren el sistema): porque, la verdad, escribimos porque queremos, porque nos divierte y nos relaja.
¡Salud!