martes, 1 de febrero de 2011

amigos

A partir de una edad, y no pienso decir de cuál, se empieza a valorar el número de amigos que uno ha disfrutado en la vida como el auténtico y genuino capital acumulado. Pocas cosas encuentro en este mundo que se puedan comparar, a tenor de las alegrías que te ofrecen y lo poco que cuestan (ahí me refiero al coste material, en pasta gansa, no al otro), con el calorcito que recibes de los amigos cuando menos te lo esperas. A veces, una visita extemporánea e imprevista. Otras, una mención, un recuerdo, una felicitación. Siempre, esa compañía de lo bien conocido, esa discusión relajada y serena, esas cervezas en alegre montón, esa opinión fascinante, ese comentario malintencionado pero divertido, esa evocación, ese despellejar al ausente... Y otras, por desgracia y ley de vida, esa mala noticia perpetuamente inesperada aunque bien archisabida.

El pasado domingo estuvimos Patty y yo en la celebración del décimo aniversario de una peña cadista y cultural de Rota llamada "el camaleón", que es un bicho verde, aunque no siempre, que se cría por aquí, os informo. En un acto espontáneo y divertido, a salón repleto, fue desgranándose el programa previsto, a menudo con más voluntad que acierto, lo que es normal dado lo relajado del acto. Bueno, a lo que iba, el caso es que alguien, amigo de los de la peña, les escribió un himno para celebrar este cumpleaños. Como no podía ser menos, el himno tenía forma..., de chirigota, lo que a mí me pareció un espléndido detalle de amistad, no sólo lógico por estar en estas tierras, sino tremendamente cariñoso y humano. Un himno repleto de guiños críticos (organizan la erizá -que es una reunión amigable para consumir erizos de mar y ponerse hasta arriba de cubatas- y casi nunca hay erizos) y de ingenio (ser del Cádiz es una especie protegida). Como lo he encontrado en la red, os lo voy a poner para que lo escuchéis y apreciéis, si podéis entenderles, la gracia del himno.



Hoy mismo, mi amigo Fernando G. Lucini, maestro nacional de oficio y experto autor de multitud de libros de referencia obligada sobre la canción popular, productor musical y comisario de exposiciones, entre otras lindezas, me sorprende publicando en su nuevo blog una deliciosa entrada sobre la inicial "trayectoria artística" de Las Madres del Cordero y me la dedica en persona, pasando de mi sonrojo sin piedad. Mi ego se lo agradece, aunque me haya dejado que no paso por las puertas. En este enlace podéis disfrutarlo.

Esta misma tarde me marcho a Cádiz con otro buen amigo, éste reciente y "autóstono". Juntos volveremos a visitar La-Clandestina y, a la noche, estamos invitados (enorme privilegio, por su imprescindible secretismo) al sancta-sanctorum de la chirigota de J.A. Vera Luque a presenciar uno de los últimos ensayos de la pieza que concursará en el Falla este año, honor que debo a la incipiente amistad con dicho autor, ganador del concurso de chirigotas del año pasado. Mira, ya que estamos, os voy a poner también un vídeo suyo del 2010, para que veáis y escuchéis de lo que van.



Cualquier cosa por un amigo.

5 comentarios:

Adrian Vogel dijo...

Todos los años sigo las actuaciones del Falla (por la tele). Son imperdibles.

Anónimo dijo...

Me gusta mucho esta entrada. Me gusta tener amigos. Me gustas tu. ¿Por qué será?
Echo de menos cuando te da por no escribir. No nos hagas eso.

Anónimo dijo...

Buen dia, complicada la palabra amigo, mucha gente malinterpreta esa palabra, un amigo no tiene que estar a todo con uno, que si meo tienes que venir conmigo al baño,
un amigo es mas la confianza que se deposite y no esperar nada a cambio, mas o menos.
Adrian imperdible es lo de la ropa,no? y te recuerdo que estas invitado al pueblo, si quieres en carnaval, te vienes y güertesita caletera y paseo por la Villa de Rota con coplas varias en directo. S.I.

María dijo...

Suerte que tienes.
Yo con la edad voy perdiendo amigos, no sé si es que no sé mantenerlos o qué puñetas pasa.
Así que lo tuyo es de buena fortuna.
¡Me alegro por ti!

Antonio Piera dijo...

¿En qué cadena sigues el Carnaval en Madrid, Adrián?

Es sin querer, anónimo.

Bien definido,Sergio. No se es más amigo por ser más plasta.

Hay que seguir trabajándoselo, María. Sin pausa.