me dicen que a IU no le gusta la Historia
Andan por Andalucía revueltas las aguas, pero bajo la superficie. Desde arriba, el mar preelectoral parece un espejo, cada cosa en su sitio, todo en su lugar. Lo frío, frío y lo caliente, caliente, que dijo un amigo al que le pregunté por las bondades de un restaurante. Los del perdedor Arenas, virgencita que me quede como salgo en las encuestas y Rajoy que se espere unas semanas antes de la reforma laboral por lo que más quiera y que no toque el IVA hasta que me siente en el asiento del mandamás, que ya era hora. Los de Griñán jugando al paripé del paripé que no lo tenemos tan mal pero por si acaso vamos retirando la cara del ere y de donde no era, que tantos años han dao para mucho y lo mismo los que vienen miran debajo de la alfombra, mientras sálvese quien pueda resuena por los pasillos del Parlamento Andaluz.Luego están los de el político profesional llamado Valderas. A su alrededor revolotean fantasmas que reclaman que su formación le haga un quiebro a lo predecible. Ciudadanos organizados que exigen una candidatura unitaria para detener los planes del capitalismo de corte neoliberal que traen los de Mariano en la cartera, tan similares a los que guarda el provecto saliente en la suya. Andaduras bien argumentadas desde sectores quincemayistas colapsadas de momento por obra y gracia de otros que confunden el culo con las témporas. Plataformas unitarias que nacen como si fuera ya primavera. Partidos menores que se manifiestan firmemente por una unidad coyuntural de medio recorrido. Es el momento, susurran los vientos de levante. Ahora o nunca, se escucha en los baretos.
Pero la que se dice izquierda unida hace oídos de mercader. En la oficina no están para riesgos, parecen decir mientras cuentan con los dedos el diputado de más que, a lo mejor, les traen por reyes los idus de marzo. No quieren ni oír hablar de la Historia, de esa que se escribe con mayúsculas. No entienden que haya llegado la hora del arrojo, de la valentía, del ejemplo de generosidad, no saben siquiera que se la están jugando porque la gente abandonada a su suerte no les va a perdonar que se miren tanto el ombligo mientras permiten a la más derecha de las derechas asestar tajo a la yugular de las personas andaluzas y ellos hacen como que no lo ven. Están dejando pasar de largo el dichoso tren de la Historia, ese que nunca pasa dos veces por llevarle la contraria al cartero.
Era, y casi ya no lo es, el tiempo de las cerezas, el momento de emerger la cara con orgullo, de pedir el cuero para rematar a puerta, ¡a mí, Sabino, que los arrollo!, el instante de renunciar a la singularidad, del vamos juntos y dejémonos de tontadas, que lo importante es decirle al pueblo que aquí estamos todos los que nacemos de él, juntos por y para lo importante, unidos para sacarle del atolladero en que nos han metido, que vamos a defender lo público, a inventar empleo, a evitar los desahucios, a regenerar Andalucía, que juntos podremos...
Pero me dicen que a IU no le gusta esa historia.