martes, 2 de septiembre de 2008

milagro o muerte

Me he resistido como gato panza arriba a tocar el accidente aéreo de Barajas porque tengo con él una implicación sentimental directa y no me gusta exhibir mis entrañas más allá de lo que el guión bloguero exige, pero hay un tema que me está golpeando día sí y el siguiente, en concreto cada vez de las incontables que veo el rostro de la mujer rescatada incólume de la catástrofe hablando por la tele. He viajado mucho en avión, y lo que te rondaré, morena, a lo largo de esta vida casi aventurera que me he buscado vivir y siempre con una actitud, frente al hipotético peligro de volar, basada en la certeza de que, pase lo que pase, estás atado al destino de los demás, que no eres más que un número entre los pasajeros y nada puedes hacer por evitarlo.

Así, mi naturalidad en vuelo es completa y mi despreocupación reconocida. Recuerdo en uno de los viajes a Tenerife que realicé con Aute, al que el espíritu de los Rodeos traía a mal traer. Él miraba hacia mí cada vez que conseguía fijar sus ojos descontrolados, próximo ya el aterrizaje, turbulencias por medio, la piel del rostro de un alarmante tono verdoso y me comentaba algo así como: -y tu, tan tranquilo, tío. No eres humano- a lo que yo le contesté que no, que precisamente por ser y por sentirme humano, lejos de cualquier otra trascendencia, tenía la certidumbre de que nada de lo que pudiera hacer serviría para evitar acabar en churrasco si las cosas se daban mal, por lo que en vez de ponerme de los nervios me aquejaba en vuelo una enorme tranquilidad, esa que sólo puede propiciar la plena sensación de impotencia. Apenas te da tiempo a decir: ¡ay va!, y a otra cosa. No sé si lo entendía, ni sé si estaba en disposición de hacerlo, pero sí sé que mi opinión no le serenaba lo más mínimo y siguió verde botella hasta que abordó la pasarela.

Pero con el accidente de Barajas, más en concreto con la existencia de un pequeño número de supervivientes, se me aparecen preguntas dispuestas a reventar tan elaborada teoría. ¿Querrías sobrevivir a cualquier precio? ¿Merece la pena contarlo con inmensos dolores y la mitad de la piel quemada e irrecuperable? O ésta, que es peor ante los vuelos que me queden: ¿seguirá vigente tu cómodo determinismo ahora que sabes que alguno puede salvarse?

Amo la vida aunque no me aferre a ella de forma pusilánime pero, hasta ahora, siempre había resuelto esta duda con un dilema maniqueo: para mí, muerte o milagro, no valen grises por medio. Si no puedo ser de los que hacen declaraciones a la salida del hospital, elijo ser de los callados que aporta su ADN para que se lo comparen con el de un pelo. Eso hasta ahora. Hoy, pensándolo mejor, se me ocurre que el único razonamiento, la sola alternativa coherente, es encoger los hombros, comprender que nuestra existencia es puro tránsito y aceptar lo que caiga, como hago cada día. Todo lo demás me parece soberbia, que es la antesala de la trascendencia.

- Para Chari, con ternura.

8 comentarios:

Más claro, agua dijo...

Hablando de accidentes aéreos no sé si lo más apropiado es la expresión "aceptar lo que caiga"... pero en el fondo estoy totalmente de acuerdo con usted, querido Antonio ;-)

oyana dijo...

Qué hondo todo lo que dices!

Efectivamente, creo que asumir la impotencia, la muerte, da serenidad. Hablamos de la muerte como si los que se murieran fueran los demás. Todos morimos. El enigma es el cuándo, pero siempre va a haber un momento.

Yo soy vital, amo la vida y he conseguido ser así desde que he asumido que soy mortal.

Qué post más bueno! Enhorabuena.

Un abrazo

RGAlmazán dijo...

Efectivamente, nuestra fragilidad y la vulnerabilidad se pone más de manifiesto cuando ocurren estan cosas. Y como usted dice, D. Antonio, no queda otra que aceptar lo que caiga, aunque sea de un avión.

Salud y República

Gustavo dijo...

No tengo comentarios: solamente dejar constancia de que lo he leído y me ha encantado. Me ha sorprendido mucho tu visión acerca del destino, que comparto mayormente.
Hay algo más en todo lo que dices que sólo llego a intuir. Sea lo que sea tienes mi apoyo y mi solidaridad. ¡Salud!

Grendel Khan dijo...

Y si usted sobrevisiese al accidente aéreo, prepárese hermoso para darle la mano al rey, la reina, los príncipes, el presidente del gobierno y el líder de la oposición, la ministra de fomento y otros tantos chupópteros con afán de protagonismo que se pelean como gallos para salir en la foto.

__MARÍA__ dijo...

Yo viajo más tranquila en un avión que en un coche.
Me pasa un poco como a ti y quizás sea por haber volado en viejos aparatos en la prehistoria de mi vida.
Esto de las medidas de seguridad es un poco como lo del casco en la moto, verás, me explico: Si te das un porrazo con la moto y se te queda la cabeza íntegra pero el cuerpo hecho cisco ¿querrías sobrevivir así?
Yo no.
De hecho, me lo pongo para evitar multas.
Y lo de sobrevivir a ese accidente del que hablas, pues tampoco. Yo preferiría ser de los que se quedaron en el instante.
En fin, como dicen por ahí: "Todo lo que sucede es porque conviene"

Un saludo

Pedro de Paz dijo...

Recuerdo una reciente conversación con un amigo que tuvo la desgracia de pasar por una seria enfermedad. Hubo una frase que se me quedó esculpida en el alma, grabada a fuego. Una verdad lapidaria: "Nunca me he sentido tan vivo como cuando entendí en toda su plenitud y tuve que asumir de forma consciente la certeza de que soy mortal"

Supongo que es un poco eso.

Abrazos,
Pedro de Paz

Antonio Piera. Madrid. dijo...

No había caido en lo que caiga, pero tenéis razón. Lo que quería decir básicamente es que aceptar lo que toca es bastante más sabio que plantearse opciones extremas, que nunca se sabe. Gracias a todos por vuestro interés.