lunes, 24 de enero de 2011

la piel

Desde el año pasado que no escribo..., y ahora voy y os largo una entrada con este título. ¿De qué irá, esta vez, el intermitente diletante y tardón Piera? ¿Se largará una filípica acerca de aquella cuasi olvidada novela (que estuvo en el Índice y todo) de Curzio Malaparte en la que diseccionaba la corrupción de las sociedades bélicas europeas, sobre todo la italiana, frente a la inocencia y solidaridad de los pueblos? ¿O pretenderá hacernos reparar doctamente acerca de este el mayor órgano del que disponemos los humanos, con sus dos metros cuadrados de extensión y sus casi cinco quilos de peso (en algunos más que en otros, dependiendo de estatura o, en mi caso, de circunferencia)? ¿Habrá querido escribir miel y le habrá salido mal?

Hoy os quiero comentar que me acabo de ver la piel de la cara, que no contemplaba el sol desde hace más de 30 años. Con más valor que el Guerra, plantado firmemente ante el espejo añtaño cómplice de dispares veleidades, el gesto enérgico y la mano firme, he enarbolado esta mañana la Philips recién adquirida y, paso a paso, impasible aunque en ocasiones retorcido el ademán, he procedido impertérrito a desbrozarme la cara de los rastrojos que la ocultaban desde mi juventud (o así) apurando hasta las heces el cáliz de un olvidado afeitado ante el que mi piel, la piel, ha debido maldecir en arameo si entendemos como rebeldía ante tal profanación el rosario de sublimes picores, ardores y rojeces con que ha gratificado mis buenas intenciones, la muy desagradecida. Sáquela usted a la luz, déjela suavecita como el culo de un bebé y permítala que el frío pelón le active los corpúsculos de Krause para esto.

Bajo la derrotada foresta ha aparecido, desnudo y de golpe, sin avisar, sin anestesia, el rostro pálido y desconocido que me sospechaba y temía. Adiós a mis suavemente insinuadas líneas de expresión. Bienvenida, boquita de pitiminí. Hasta luego, cuidado aspecto de cantautor desaliñado. Saludos, grotesca papada antes certeramente escondida. ¡Vaya palo se ocultaba tras el camuflaje! Menos mal que la Nivea extrafuerte ha venido a atemperar las irritaciones, lo mismo que la costumbre, espero y deseo, hará con esta jeta que ahora mismo me resulta insoportable. ¿Quién es este tipo? ¿A qué dedica el tiempo libre? Y, sobre todo, ¿por qué me mira tan fijamente?

Os confieso que no creo que le quede mucho tiempo a este impresentable aspecto. En cuanto considere que el libre acceso al aire libre ha recompuesto mínimamente el vigor y lozanía de mi agostada epidermis, me dejo otra vez la barba y ya os advierto de antemano que juraré ante la Biblia que esto ha sido solo un mal sueño.

Horror, me temo que debería sanear también el bigote que me hace compañía desde hace más de cuarenta años...

3 comentarios:

albokari2 dijo...

Yo también soy reacio al afeitado... Me da horror vacui mi rostro desnudo.

Anónimo dijo...

Entonces el de la guitarra eres tu?
Vaya tela, ahorita cai en la cuenta. Se te hacia en falta, y no haces aluision a lo dura que tienes la cara(otras partes no se) lo cual camuflabas tambien bajo tu barba,animo y a seguir limpiando el cuerpo de vello, lo proximo el bigote, ¿y en despues?
S.I.

enrique dijo...

Bueno Antonio, como dijo un profesor de Filosofía, de 6º de bachiller, apodado el " Masca " ( por aquello de " el más cabrón "),la verdad hay que aceptarla, venga de dónde venga, aunque sea del diablo. Y esto es lo que queda, después de 61 años. Al menos, tú puedes contarlo. Sl2.