sábado, 6 de agosto de 2011

Rubal-cava su propia fosa

Como a un Pinocho invertido, cada vez que el candidato Rubalcaba miente, le disminuye su expectativa de voto. En vez de crecerle la nariz, lo que sería en exceso evidente, el candidato cava su propia fosa cada vez que pretende pasar una mano por el lomo de las exigencias del 15M mientras que, con la otra, se postula ante sus dueños de toda la vida mintiendo para defender la indefendible actuación de la policía del Estado en la noche del 4 de agosto. Está el hombre tan convencido de sus capacidades para la política, entendida como la entienden los que viven de ella, y tan seguro de esa proverbial inteligencia que le suponen y proclaman cuantos le rodean (mientras twittean como locos planean vivir a su sombra), tan pagado de sí mismo, en suma, que todavía no se ha percatado de que su única alternativa para que no le revuelque en las urnas el incompetente Rajoy (el hombre que no tiene nada que decir, según The Economist) es hacer creer a sus votantes potenciales que ha recibido y aceptado el mensaje de la calle expresado a través del movimiento 15M.

A quien me tilde de exagerado al hacer estas afirmaciones le recomendaría darse un garbeo por la reciente encuesta de IPSOS para comprender el enorme calado que este movimiento, del que tan orgulloso formo parte en mi Rota del alma, está alcanzando entre la población española, que son sus hipotéticos votantes. Entre 6 y 8,5 millones de españoles (y me refiero, claro está, a los que tienen la edad de responder a una encuesta) manifiestan haber colaborado activamente con nuestro movimiento, al que dicen conocer un 78% de los encuestados y del que el 76% manifiestan que sus reivindicaciones son más que razonables y que tienen el derecho democrático a luchar por ellas. Así que es más que probable que el candidato Rubalcaba esté patinando en su estrafalaria decisión de poner cada día una vela a Dios y otra al Diablo, creyéndose que a un ser superior como él todo le está permitido.

No ha caído en la cuenta, posiblemente, porque anda el hombre instalado en la misma visión elitista de que hace gala su ilustre compañero de Partido y Presidente del Congreso, José Bono, que hace bien poco manifestaba que "desde una tienda de campaña no se pueden resolver los problemas de un país". Claro que no cabe esperar otra cosa de quien ningunea en público al 20% de la población española al manifestar en TVE que "los partidos minoritarios en las urnas pintan poco", probablemente porque piensa que van a importar menos aún con las modificaciones de la Ley Electoral pactadas recientemente a favor del más descarado bipartidismo, y feliz hasta la incontinencia verbal ante la próxima visita del preceptor espiritual de su cinismo, el experto Ratzinger.

Pero no olvidemos que este país es más que nunca de los bancos, que la esquizofrenia de los mercados no es otra cosa que el capitalismo financiero desbocado, que el Pacto del Euro es y será (mientras no cambiemos las cosas) el ABC de la política que aplicarán todos y cualquiera de ellos, sean PP, PSOE, Convergencia u otros, con su contenido de bajos salarios, privatizaciones inmediatas y legislación a su medida, o que los sindicatos, al menos hasta ahora, son incapaces de defender a los obreros frente a la pérdida y dejación de cuanto conquistaron con su lucha histórica.

Vergüenza de país, digno de candidatos como este mal Pinocho, si no se levanta y grita. ¡Basta!