viernes, 6 de abril de 2012

desvergüenza política

Los cuatro vecinos presentes como espectadores en el Pleno Extraordinario del Ayuntamiento, celebrado en la mañana del 30 de marzo, han tenido derecho a presenciar desde primera línea, durante apenas una hora, uno de los espectáculos más bochornosos que puede ofrecer una Corporación ya de por sí tan propicia al espectáculo. El tema extraordinario era la presentación y aprobación de las propuestas del llamado Plan de Ajuste presupuestario exigido por el Estado como condición para prestar al Ayuntamiento la cantidad que adeuda a la empresa privada de modo que pueda liquidarla por fin a sus proveedores.

Aunque lo realmente extraordinario, en mi opinión, es que se tomen decisiones presupuestarias ¡sin haber presentado ni aprobado previamente los Presupuestos que este Plan pretende ajustar! Bonita manera de poner el carro antes que los bueyes, ésta de ajustar unos presupuestos que no existen ni se han presentado diez meses después del advenimiento de la nueva Corporación. Ninguno de los presentes pareció caer en la cuenta de tan enorme contrasentido, quizás porque en este Ayuntamiento todos asumían que no es indispensable prever en qué se van a invertir los dineros de la ciudadanía cuando de lo que se trataba hoy era de ver cómo exprimir todavía más sus bolsillos incrementando en bloque los impuestos. Ninguno de los presentes con voz y voto –aclaro- incluida la oposición, manifestó ni subrayó esta obviedad, acaso por tener los reflejos adormecidos al haber recibido tan importante información ayer por la tarde o incluso esta misma mañana, justo antes del Pleno.

Queda claro que el Plan aprobado hoy consiste, en realidad, en sustituir una deuda arrastrada y asumida por otra nueva que habrán de financiar (intereses incluidos, ¿cuántos?) todas las roteñas y todos los roteños. No son minucias. Hablamos de dieciocho millones de nueva deuda que hay que pagar sí o sí, a tocateja, aunque el concejal Oscar Curtido se haya permitido aclarar que, de los 16,9 millones certificados en la actualidad, apenas un millón y pico corresponden a pequeños y medianos proveedores locales. Las deleznables condiciones acústicas de un salón de plenos, cuyo equipamiento de sonido parece diseñado exprofeso para que ninguno de los asistentes se entere de nada, no me permitieron enterarme de quiénes son los acreedores por el resto del dineral que debe el Excelentísimo de Rota en nuestro nombre. Creo que a todos nos gustaría saberlo.

Da igual. Cualquier día seguro que me aclaro -ironía- consultando la página web municipal, en la que el derecho a la trasparencia administrativa brilla por su ausencia. O posiblemente no, ante la total ausencia de dato alguno en dicha página. Pero, con más de 56 millones de deuda municipal, lo cierto es que hasta ahora nosotros, los 28.904 ciudadanos de Rota, debíamos unos 2.000 euros cada uno, lo que nos sitúa a la altura de Madrid, que es el ayuntamiento más endeudado de España con 6.776 millones, pero por los que cada madrileño sale a 2.081 euros. A partir de hoy, deberemos más todavía y hasta puede que les arrebatemos el primer puesto del ranking.

Nadie ha parecido reparar tampoco en que los auténticos beneficiados de esta monumental inversión son y serán los Bancos. O bien, si han reparado, no se han atrevido a denunciarlo como el enorme robo a toda la ciudadanía que representa esta medida con la que Mariano Rajoy demuestra ser el primer mamporrero de los Bancos. Una vez cuantificada con exactitud la enorme deuda pública de los municipios españoles a proveedores de obras, servicios y suministros, que alcanza en España la cifra de 35.000 millones de euros, el Estado recurrirá a los mercados para financiarla, obteniendo sus objetivos de los Bancos que la cobrarán cuando menos al cinco por ciento cuando ellos habrán obtenido el préstamo del Banco Central Europeo (que también financian los propios Estados, es decir todos nosotros) al uno por ciento: en un instante, un cuatro por ciento al bolsillo. Redondeando, unos 1.400 millones de euros de beneficio bancario. Aunque no es eso todo. Las malas lenguas aseveran que muchos Bancos están comprando a las empresas esas facturas impagadas por los ayuntamientos, de las que tienen el cobro asegurado, eso sí al 85 o 90 por ciento de su valor (es decir, con un 10 o 15 por ciento de beneficio), a cambio de liquidarlas de inmediato. Me resisto a calcular las astronómicas ganancias que esta saneada operación les puede reportar gracias a la proverbial buena voluntad del señor Rajoy.

Aunque el asunto ante el que el titular de este artículo se queda corto es el párrafo destinado a la medida número 11 de reducción del gasto, que dice literalmente: “Por ser competencias impropias del Ayuntamiento, el convenio de desdoble de la carretera A-2075, la construcción del Centro de Salud y la del Centro Escolar, ya financiadas en parte por este Ayuntamiento y previstos inicialmente con cargo exclusivamente a fondos municipales, no se consignará presupuestariamente durante los ejercicios 2013 y 2014. El importe (…) 7,5 millones de euros (…) inviable (…)”. Le ahorro al lector la totalidad del denso párrafo mencionado, porque lo importante está ya aquí reflejado. La construcción del debatido Centro de Salud era, así pues, una competencia impropia del ayuntamiento y se abandona ahora la idea del mismo (no se consignará en unos presupuestos inexistentes), dejándonos con el esqueleto electoralista al aire. ¿Alguien menciona en tan coherente Plan de Ajuste lo que costó levantar este esqueleto y quién debería asumir dicha deuda? No. Además, lo que es más gracioso si uno gusta del humor negro, probablemente la factura de esa obra fantasma irá en el paquete de las que se van a pagar con el crédito estatal.

Mientras tanto, aquí y ahora, se acaba de aprobar un Plan de Ajuste gracias al que van a subir todos y cada uno de los impuestos y servicios municipales. Para que paguemos nosotros. Los de siempre. Eso sí, sin un Presupuesto que nos aclare a qué y a dónde se va a destinar en realidad nuestro dinero.

Nota.- Este artículo apareció publicado en el periódico Rota-información el miércoles 4 de abril de 2012, como Carta al Director.

Foto del autor. La he titulado: puede que un día amanezca en Rota.