enhorabuena, Alberto
A mi amigo Alberto Iglesias le han dado uno de los premios que más reconocen su gran mérito. Se lo han dado los del cine patrio, que de lo suyo entienden aunque sigan sin colocar ni una película entre las veinticinco más vistas del año en España. (Por cierto, pensaba yo el otro día que la Academia debería gastarse sus buenos dineros en hacer una peli española pero promocionarla y venderla en España como si fuera yanqui, con los actores, técnicos con seudónimos norteamericanos, a ver qué pasa). El caso es que se me está convirtiendo en uno de los músicos más galardonados de este país que siempre ha tenido oreja más que oído, con su nominación a los calvos del año pasado y todo incluida, que hay nominaciones y nominaciones. Flamante Premio Nacional de Cinematografía, el bueno de Alberto.
Recuerdo haber pasado, hace ya años, algunas tardes en su casa, allá por las cercanías del aire puro serrano, en su estudio semienterrado y repleto de las últimas tecnologías de self-made-man, con los ventanales apaisados casi a ras del suelo de los humanos, escuchando cómo ante mí tomaba carta de naturaleza su especial sensibilidad de compositor, esa que le hace estar presente en las películas como si ya fuera desde antes parte de ellas. También recuerdo haberle admirado por ello, jardinero fiel de amistades a largo plazo.
Enhorabuena, don Alberto.









