martes, 14 de abril de 2009

14 de abril, pues que viva la República

Cada año me pongo tricolor por estas fechas. Qué le voy a hacer, así es mi vida, siempre a contracorriente. Pero así será por siempre hasta que algún sesudo biólogo o cualquier hemoespecialista de pro me demuestre hasta el convencimiento que la sangre de los borbones o la de cualquiera otra dinastía del mundo es diferente de la que cabalga por mis venas cuando me solivianto o de la que, a ritmo lento, bombea, bum-bum-bum, mi negro corazón cuando esto escribo mientras las jodidas coronarias se piensan y deciden si les apetece echar el cierre. Hasta ese momento, mi entendimiento se niega a aceptar la existencia de humanos superiores por nacencia, ya sean de la aristocracia o de las grandezas de España o de alguna otra cualquiera real familia. Puede decirse, entonces, que la primera línea de mi acendrado republicanismo está asentada en la biología, aunque posiblemente encuentre su acomodo y mayor proyección posteriormente en el orgullo que siento de ser tan humano como cualquier otro.

Luego seguirán las otras líneas, las racionales, las históricas, las legitimistas, las realmente democráticas..., aunque una república burguesa tampoco me parezca la panacea universal ni el bálsamo del gigantón Fierabrás, que república es la del Bush y sus invasiones hasta la del Berlusconi del camping todo incluido para los recién expoliados abruzzos. Eso sí, pretender la proclamación de la Tercera con ese todo y ruptura que habría de traer me parece un hito altamente positivo para extraer con los fórceps de la Historia a este pueblo nuestro de las garras del franquismo residual y las fauces del clericalismo rampante, que hoy me he debido levantar decimonónico.

Así que, amados cyberhermanos, decid conmigo desde la discreción pero el mayor convencimiento, musitadlo por los vericuetos, escribidlo en las pizarras de las escuelas o en los muros de los palacios, pasadlo por los móviles de tercera generación cual proclama de libertad o consigna o santo y seña, acaso sólo pensadlo sota mano desde el interno regocijo del que fuera perdedor hasta que llegue la hora de clamarlo a voz en grito por nuestras calles y plazas, que lo haremos, no lo dudéis..., que ¡Viva la República!

7 comentarios:

Grendel dijo...

Pero hombre, ¡con lo campechano y buena gente que es el rey!
Si apenas nos cuenta unos milloncejos de nada mantener a toda la troupe, si es que es verlos pasear por Mallorca con el yate y dan ganas de... de...
¡Viva la República!

__MARÍA__ dijo...

Pues sí, que ¡viva la república! y que estudiemos más sobre esa época de nuestro país para poder opinar con conocimiento de causa...porque hablar por hablar de la república sin haberla conocido ni saber que es...hummm es un poco hablar por boca de ganso ¿no?
Saludos

tomy dijo...

Pues que viva...y para que la dicha sea doble queda usted invitado a degustar...
http://entrecolycollechuga.blogspot.com/2009/04/risotto-republicano.html

saludos

Gontzal dijo...

Antonio por si fueran pocas las razones para sentirse republicano, amenazan los borbones con hacer todo lo que esté en su mano para ayudar a salir de la crisis. Me temo que las medidas pasarán por maximizar el consumo, algo en lo que son expertos. Miedo me da...

Gustavo dijo...

¡Viva el 14 y el 25 de Abril! Y el 8 de julio, que es cuando yo nací.

Antón Abad dijo...

¡Salud ciudadano Piera! (supongo que con el tenor del saludo vale para obviar posicionamientos)
Yo si reconozco algunas realezas, por ejemplo: los reyes del mambo (el Barça), a los Magos de Oriente, y al semidios Messi; los demás, empezando por Palito Ortega, y acabando en el humilde rey de bastos, me parecen unos usurpadores

Antonio Piera dijo...

Gracias a todos. Os recomiendo vivamente que visitéis la página que nos acerca nuestro amigo Tommy, turolense de pro afincado en Zaragoza y con una afición por los fogones altamente recompensada con sus logros.
El risotto republicano que nos propone tiene una cara excelente y del resto de sus propuestas, mejor no hablar. Hay que probarlas en su bodega, sólo desde el privilegio de su amistad.