miércoles, 10 de marzo de 2010

del hombrecillo miserable

Se puede ser de derechas, faltaría más. O más estrecho que el Reglamento de la Guardia Civil, como decía mi amigo Villarín. Yo mismo, que me siento y resumo de izquierdas, aunque cada vez sepa menos qué es lo que tal posición entraña, puedo considerar a Zapatero un gobernante caótico y determinadas acciones de su gobierno como incoherentes o directamente no asumibles, sin que a nadie (espero) se le caigan los anillos, lo mismo que me es dado manifestar mi más profundo desagrado por los modos de ejercer la oposición desde el PP, incluyendo entre ellos el inaceptable amasijo de espúreos intereses que están cocinando desde las más altas esferas de la judicatura española para concluir con la anulación del caso Gurtel por medio tanto de campañas de desinformación dignas del mejor alumno de Goebels como del abuso de poder (judicial, se supone). Ya nos encargaremos en su momento de ponerle el cascabel a ese gato, que hoy no va por ahí la cosa.

Cualquiera puede ser, pensar o manifestar cualquier cosa, digo, en el libre ejercicio del albedrío libre. Hasta los políticos (que son los que viven de ello) pueden darse por incluidos en este libérrimo abanico. Concedámosles la condición de seres humanos, en un alarde de magnificencia que nunca agradecerán.

Lo único que no acepto, ni en política ni en cualquier otro aspecto de la vida, ni me parece asumible desde ninguna ubicación del espectro ideológico, es la baja catadura, la ruindad malencarada, la chulería gansteril de salón de bailongo, la mezquindad amoral, esa desvergonzada actitud que ostenta un patán maleducado para el que todo vale, si lo hace él.

Lo siento, pero ni si yo fuera de derechas (que podría ser, faltaría más, que decíamos al principio) podría asumir ser representado ni en mis ideas ni en mis aspiraciones políticas por ese hombrecillo insufrible, rencoroso, desvergonzado y prepotente que responde al nombre de José María Aznar. El del bolígrafo en el escote de una periodista incómoda. El de la peineta pública. El de la foto de las Azores. El que no se arrepiente nunca de nada.

Hay que ser abyecto para sonreir así con más de un millón de muertos a tus espaldas.

3 comentarios:

nata dijo...

ole, ole y ole, antonio.
el día que descubrí que este hombrecillo saca lo peor de mí -y fue muy desagradable, por cierto-, dejé de hablar de él. pero me encanta que otros pongan, y tan bien puestas, las palabras que yo ya no diré.

besito.

Oyana dijo...

Efectivamente, hay que ser abyecto; pero, además de todos los calificativos expuestos y de su absoluta mediocridad, Aznar (y la FAES)es un tío muy muy peligroso. Su objetivo es acabar con la monarquía y gobernar de manera absoluta y para ello, le da igual cargar con muertos a su espalda, claro. Todo esto, "presuntamente hablando", que si no....

Gustavo dijo...

¡Amén!