viernes, 10 de diciembre de 2010

información versus ignorancia

Se están librando importantes batallas ahora mismo en el mundo de la información. Importantes y sucias, porque los gobiernos la temen y se aprovechan de ella. Aprovechan, quiero decir, tanto la información como la desinformación, elemento éste último para el que cuentan desde siempre con auténticos expertos.

Está pasando con la monarquía fascista marroquí, que ha cubierto desde el principio sus perpetuos desmanes contra el pueblo saharahui bajo el inmundo manto de la mentira, la calumnia y la prohibición de informar a cualquier medio de prensa internacional. Del campamento devastado solo salieron los informes domesticados de sus plumíferos a sueldo, adobados con los tristes panegíricos de sus ministros pertinentes que se han permitido, ante la tibieza de la reacción gubernamental española, pasar al ataque amenazando esas supuestas "relaciones vecinales" que la Trini anteponía a la decencia. Al final, tras la complicidad con su silencio y su desinformación, llegarán nuevos ataques como el de cortar el agua a Melilla o enterrar de tapadillo el cuerpo del ciudadano español que reclama nuestra Justicia. Ese será el premio a la política exterior de un desnortado Zapatero, conducida ahora desde la trilateral por la prima de Gallardón.

Ocurre en la ridícula República Popular de la China, gigante emergente del neocapitalismo salvaje aparentemente escondido bajo las formas de un gobierno comunista que solo se mantiene porque esta estructura monolítica es en definitiva la mejor opción para el control interno de su población. Liu Xiaobo sigue encarcelado con su Nobel ignoto mientras los empresarios chinos hacen dumping sobre sus colegas capitalistas del mundo y los dirigentes corruptos juegan con dos barajas alentando al dictador majara de Corea del Norte y mientras aprovechan la crisis capitalista mundial para blindar su moneda y rebajar el poderío del dólar y del euro. En China, los enjuagues en prensa y el control obsesivo de Internet son el pan nuestro de cada día.

Está pasando con los papeles del Departamento de estado norteamericano filtrados con cuentagotas, que confirman lo que muchos llevamos sosteniendo toda la vida: la subordinación de los poderes públicos españoles a las ingerencias yanquis tanto en asuntos que les afecten como en otros que nos afectan exclusivamente a los españoles. Más pronto que tarde me afectarán directamente ante la oferta-regalo de los gobernantes electos hispanos para convertir la base de Rota en centro estratégico del alto mando del Pentágono para África (Africom), como ya me afecta que cada año atraquen a menos de un kilómetro de mi casa más de 250 navíos de propulsión nuclear, por no hablar de los inciertos contenidos de los centenares de silos que se esconden en mi tierra a poca profundidad. Los papeles de Wikileaks denunciarán docenas de marranadas de la hasta ahora "incomprensible" actividad de determinados sectores de la Justicia, las Relaciones Exteriores, la Prensa y la Banca de mi país, dirigidas desde intereses espúreos.

Pero, ahí donde la desinformación resulta más sangrante y nos afecta más, es en cuanto tiene relación y se esconde bajo la infame perífrasis de "los mercados". Esos mercados que están masacrando nuestra economía e imponiendo sus leyes a través del gobierno supuestamente socialista en el que depositamos nuestra confianza para afianzar, precisamente, una alternativa contraria a la que estamos recibiendo sin mover un dedo. ¿Mercados? ¿Qué mercados? Los mercados obsesivamente mencionados como responsables de todo lo peor no son otra cosa que los grandes capitalistas, las corporaciones financieras y los Bancos. Los mismos que causaron la crisis sistémica por invertir en bonos basura americanos para multiplicar sus ganancias. Los mismos que amenazaron con la quiebra si no eran capitalizados con dinero (y con la deuda) de los contribuyentes. Los mismos que recibieron miles de millones de las arcas públicas sin apenas contrapartidas exigibles. Los que especulan con las inversiones y obtienen altísimos beneficios a través de las SICAV por los que apenas pagan el 1% en impuestos. Los que reciben dinero del Banco Central Europeo en préstamos al mismo 1% de interés y lo invierten comprando Deuda Pública de nuestro propio Estado obligándole mediante la especulación a pagarles hasta un 5 o un 6 de interés, poniéndole contra las cuerdas con dinero ajeno. Esos son los mercados que han decidido que los trabajadores españoles ganan demasiado y cuestan mucho. Ellos los que están acabando con el relativo "estado del bienestar" que tanto nos costó alcanzar. Ellos los que están imponiendo las privatizaciones descaradas y el despido libre.

La desinformación, pues, es muy mala. Malísima. Cada día nos esconden más cosas, eso está claro. Pero no saber no es, finalmente, lo peor, mira tu por dónde.

Lo peor, sin duda, es saber y no hacer nada.

3 comentarios:

María dijo...

Efectivamente, saber y no hacer nada es casi peor.
Hoy al leer tu entrada me vuelve a venir a la mente el caso de Cuba.
Sabemos de flagrantes ataques a los derechos humanos en la isla
(hoy en mi blog señalo uno) y sin embargo todavía hay gente alentando a los que mantienen al pueblo soterrado.
Disculpa que me haya ido por los cerros de allí, pero estoy especialmente mosqueada con mis barbudos amigos revolucionarios.

Saludos

albokari2 dijo...

Adoro tu coherencia, amigo.

Anónimo dijo...

Vaya telita, vengo yo de un buen
finde en Sevilla, un ambientazo por las calles, visitar belenes
preciosos, tapitas varias, y vaya tela. Tambien dicen, que han despao
el caso del doping para tapar las declaraciones de zp sobre el estado de emergencia.
Menos mal que del corazon nos informan bastante bien.
S.I.