viernes, 5 de abril de 2013

percibir la realidad


Muchas personas de buena fe se preguntan a qué puede deberse la profunda caída de perspectiva de votos en que andan sumidos PSOE y PP, pero también se preguntan cómo es posible que las alternativas como IU o incluso UPyD no estén ocupando los espacios que sus hermanos mayores van dejando al descubierto. Aunque sea de reseñar que estos partidos “alternativos” parezcan felices como lombrices ante las migajas de crecimiento que les auguran los analistas, a todos nos asalta una pregunta capital. ¿Dónde se alojarán tantos votos perdidos?

En esas estamos cuando las mismas personas de buena fe contemplamos cómo se incrementan, crecen y se multiplican los casos de corrupción que afectan, uno tras uno, a todos los estamentos de la clase dirigente. Se demuestra día a día que allí donde haya habido oportunidad de trincar, algunos han trincado. Donde ha habido ocasión de pillar ha habido dirigentes que han pillado. Donde se ha podido prevaricar lo han hecho, sin vergüenza, tanto los unos como los otros. La corrupción se ha convertido en la norma y la honradez en la excepción. Aquí y en el opuesto rincón del mapa de España, del Rey abajo no se libra nadie de haber metido las manos en la masa.

Luego está lo del paro, sin ir más lejos, donde esas personas de buena fe a las que me refiero siguen sin entender cómo, si los unos y los otros dicen tener clara la forma de combatirlo, resulta que -allí donde gobiernan-, las cifras de los indicadores del desempleo resultan ser idénticas. Lo mismo crece el paro en la Andalucía del PSOE-IU que en la Mancha del PP y, aunque pueda parecer un análisis simplista, cabe preguntarse a qué se debe tanta uniformidad, que vendría a explicarse porque todos los partidos aplican idénticas e ineficaces soluciones.

¿Seguimos confiando en esta clase política? ¿Cuándo la ciudadanía impondrá el sentido común?