viernes, 26 de abril de 2013

cocina solidaria


Por fin parece que ahora, más de cuatro meses después de que el Ayuntamiento anunciara a los cuatro vientos la inminente puesta en marcha de un servicio de Cocina Solidaria para ofrecer la colaboración del Consistorio a las familias roteñas más desfavorecidas y golpeadas por la crudeza de la crisis, ha empezado esta Cocina sus actividades.

Lo hizo público la municipalidad en pleno ternurismo prenavideño y olvidando mencionar que este servicio formaba parte de una batería de propuestas solidarias en las que llevaban trabajando, desde tiempo atrás, asociaciones humanitarias locales, para llevarse ellos los méritos. Hasta publicitaron financiar al menos parte de la operación rascando por decreto los bolsillos de los propios concejales, en lo que apestaba a alarde demagógico sin precedentes.

Lo aceptable es que por fin, al parecer, la gestión y puesta en marcha de este operativo (evidentemente sencillo y para el que existían incluso previamente las infraestructuras más necesarias) parece haber resuelto las trabas burocráticas fruto de la proverbial ineficacia del equipo de gobierno o de su simple desinterés, una vez satisfecho el principal objetivo publicitario que era, sin duda, anunciar a troche y moche el evento.

Aunque hay quien piensa que, tanto en este caso como en el del reciente y sorprendente filtro municipal de las candidaturas a trabajar en MacDonalds o en todos cuantos tengan una mínima relación con prebendas, favores o puestos de trabajo, la auténtica razón para estos retrasos y estas decisiones aparentemente inexplicables haya que buscarla en el clientelismo político que alumbra en el fondo todas estas decisiones municipales.

Esa obsesión enfermiza que demuestra el Consistorio por convertir en votos futuros cualquier detalle que pueda vender en el presente, esa prisa por rentabilizar la administración de lo que es de todos, esa permanente “amenaza” de no salir en la foto que trasmiten a cualquiera que se mueva…, ¡cómo apestan!