viernes, 7 de junio de 2013

refranes

De la vida sacarás, lo que metas, nada más. No sé si habíais escuchado antes este refrán, cuya formulación siempre me ha parecido un tanto grosera y bastorra, acaso porque meter y sacar suenan a verbos ordinarios (aunque uno los recuerde y evoque desde perspectivas mucho más sanas, saludables e incluso atractivas). Pero bueno, a lo que iba, el caso es que en mi biografía reciente, preñada de novedades de salud y atenciones primarias, está resonando con bastante reiteración, tanta como si quisiera subrayar que la lógica a la que se refiere el refrán se cumple a rajatabla en las condiciones de balance práctico en las que me encuentro.

No recuerdo si os he contado que ando arrastrando ciertas dolencias que me han obligado, por el momento y espero que por corto plazo, a depender de otros para mantener la movilidad en la que me desenvuelvo habitualmente. Pero ese es el caso, al menos en una de sus vertientes, y en ese plano exacto es en el que debo deciros con orgullo y repleto de satisfacción que los amigos sí han dado un claro paso al frente y han cubierto con creces (y lo siguen haciendo) hasta las mínimas apariencias de necesidad para prestarme raudos su más desinteresado apoyo logístico en el sector automoción y transporte.

Quiero creer, y ciertamente creo, que tal abundancia de respuestas positivas a mis necesidades particulares se pudiera deber a cierta reciprocidad bien entendida, nunca como deuda sino como respuesta adecuada. Al menos, os aseguro que es lo que más me gustaría que estuviera sucediendo. Pero, vamos, que esté sacando lo que en su día metí, así, sin anestesia, debo deciros públicamente que no me tranquiliza. Que, incluso, me predispone algo en contra. Que me niego a aceptar la lógica de ese frío refrán.

Que prefiero pensar que he sido capaz de despertar afecto.