viernes, 15 de agosto de 2008

encuentros

Hasta en el más recóndito escondite te puedes encontrar a un conocido, o a alguien a quien desearas conocer, pero yo ayer me encontré a siete, y eso debe ser un récord.

- Ayer me encontré a Chicho, un espléndido barman especializado en coctelería que eligió no moverse de este rincón que habito a pesar de ser reconocido como uno de los mejores, ganador de innumerables premios de oficio y de haber sido tentado por los grandes de la hostelería con fichajes millonarios. Aquí lleva 33 años alardeando de su memoria prodigiosa y su buena mano para los sabores profundos y la medida exacta. Seguiremos frecuentándolo.

- Ayer me encontré a dos hermanos con un perro. Era un chow-chow y pensé en lo mal que lo deben estar pasando sus hermanos, los del perro, en estas olimpiadas por lo apreciada que resulta su carne por aquellas latitudes. Acabaron sentados a nuestra mesa, todos menos el perro, y comentando juntos algunas coincidencias biográficas, que es algo muy socorrido pero interesante en este caso. Eran gente amable, sus nombres empezaban por A y se mostraron malquedas porque quedamos en vernos luego y nada. Pero es una relación a recuperar.

- Ayer me encontré a Luis García Montero, a quien no tenía la suerte. Compré su último libro (Inquietudes bárbaras), escuché sus palabras con atención y luego le agradecí en persona que le haya puesto nombre a lo mío. Donde yo me creía tan sólo transparente, él ha sabido ver un bárbaro de pro, lo que me anima un montón. Es mucho más activo y atractivo ser bárbaro que ser transparente, dónde va a parar. Me pareció un hombre interesante, con el que me gustaría charlar sin prisas. No sé por qué, su cara me recordaba continuamente a Lorca. Deseo conocerle más.

- Ayer me encontré a Joaquín Sabina, pero no sé si era él. Le miré a los ojos y pensé que había salido. Me hizo ilusión el reencuentro, la verdad, pero mayor fue mi desengaño al no apreciar en él ningún signo externo de vida. La voz le ha mutado desde el aguardiente a la flauta y me despidió con un encantado que me llegó al alma. Le dejé mi móvil por vía indirecta, aunque no creo que me llame. Si no lo hace, habrá que pasar esta página.

- Ayer me encontré a Marisol. Es mi tutora y se encarga de vigilar mi reinserción en el mundo laboral, que ya le he dicho en repetidas ocasiones que poco trabajo le voy a dar, pero ella erre que erre. Parece buena gente de la que abundaba antes y casi no queda, y no esperaba encontrármela entre tanto rojerío, por lo que me dio alegría que me descubriera (yo no la había visto) entre tanta gente. Seguiré viéndola porque es mi obligación periódica, pero además con renovados afectos.

- Ayer me encontré a Almudena Grandes, que hace honor a su apellido, y la encontré, repito adrede, envarada y hostil como una virgen sorprendida tocándose, aunque no aprecié que le temblaran las piernas. No me lo puso fácil y consiguió que me sintiera como un asaltante de su intimidad o un cazafamosos, pese a darle suficientes datos de amigos comunes, como Azucena la rubia. No hubo caso, de modo que me puse nervioso y se me cayó al suelo el cigarro que estaba fumando. Ese me lo debe.

- Ayer me encontré, de sopetón y cara a cara, con lo que va quedando de la revolución por aquí, gente de cara amable, que no habla fuerte, y de sorprendente firmeza. Andaba también por medio, como si fuera uno de ellos, el alcalde de Conil, a quien me quedé con las ganas de preguntarle acerca de las razones progresistas que se esconden tras el destrozo de parte de los acantilados y calitas del cabo Roche, incluido hotel fagocitador y colmena de adobados. Otra vez será, pero lo haré sin duda en cuanto pueda.

- Ayer me encontré, de nuevo, con la sonrisa de mi costado cuando dieron las doce en punto de la noche y evocamos juntos los 17 años que han pasado desde el día en que salimos por primera vez, que fue a cenar y más. Hoy han traído a casa, a la hora convenida, un ramo con diecisiete flores de colores diversos, que de todo ha habido, aunque cálido en conjunto y apasionado como sigue siendo. Creo que le ha gustado, pero ya os lo diré después, cuando deje de ver a Nadal por la tele y vuelva a mirarme a mí.

A que este sitio es guay...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Diría que excepto el último y,el que tuviste con Marisol,lejos de ser encuentros fueron más bien tropezones.A juzgar por los personajes mencionados,prometía ser de esa manera.

Mundo de mierda.

Antonio Piera. Madrid. dijo...

Pues casi que sí.