jueves, 19 de febrero de 2009

fastos

Picos, palas y azadones, cien millones. Las cuentas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, vienen hoy como anillo al dedo. En el pasado siglo, y en este corriente, una de las bolsas de pasta negra más agradecidas ha sido la que flota alrededor de los eventos. Lo digo por que lo sé. Lo sé porque yo mismo he vivido de esa pasta durante algún tiempo, como organizador de eventos y espectáculos. Y siempre ha sido una pasta gansa. Una pasta flora. Un pastón que se encuentra, además, en todas las esquinas, en mano de todos los grupos y partidos políticos. En todas las administraciones del Estado, del Municipio, la Iglesia, la familia y el sindicato. Cualquiera que tenga algo que vender, monta un evento. Cualquiera con ambiciones políticas, monta mil. Cualquiera con un ego desmesurado, necesitado de amplio reconocimiento y loa por su labor, aunque de suya lleve sólo la firma, organiza una movida detrás de otra o quinientas de golpe, si hay que venderse a España. Una presentación. Una cena espectáculo. Un bodorrio de postín. Una fiesta en La Moraleja. Una inauguración. Un desfile. Un pasacalles, una fiesta multitudinaria, una exposición, un acto singular, un ciclo de conciertos, un homenaje...

La pasta es lo de menos, porque casi nunca es propia. Se llama presupuestos, gastos de representación, partidas... Particularidades de ese dinero ilimitado del que dispongo como me parece y que parece que no se va a acabar nunca, porque siempre alcanza. Todos lo entienden, todos lo aprueban, porque todos lo comparten. Es un secreto a voces. Yo celebro, tu ofertas, él acepta, nosotros visamos, vosotros también, ellos que se jodan por idiotas. Pasó con el PSOE y ahora le revienta al PP en las narices. La culpa no es de ellos, pobrecitos, la culpa es de esa puta pasta floja y boba, ahí puesta, abundante y generosa, abierta de piernas esperando a su machote. Es grande, gorda, lustrosa y sólo vale para eso. Para que se la gasten. Lo saben todos, se aprovechan todos de ella, sin medida, sin límite, sin miedo a dejarla seca porque el año que viene volverá viciosa y lustrosa como siempre, al alcance de la mano, por obra y gracia de su macarra el presupuesto.

Alrededor de cada alto cargo flotan siempre cien golfos que son sus amigos. Le ríen las gracias y pagan sus copas o sus putas o putos, lo que sea, oyess... Cenan juntos, casan entre ellos, surcan el Mediterráneo en el barco de otro amigo, te lo tengo que presentar, lleva lo de una constructora..., cierran baretos de alta cuna, asaltan burdeles de lujo, salen juntos de misa de doce directos al aperitivo... Son sus amigos, no hacen negocios, tan sólo les adoran y lo demuestran. No se dedican a nada, si acaso, si me apuras, llevan cosas. Ese es el que me lleva lo de los eventos, dicen si alguien pregunta por el que más alto habla, el que más maneja, el que está junto a la rubia que tiene las tetas más altas, el del motor que más atruena, ese al que todos los camareros conocen por su don nombre. Ese que, sólo de vez en cuando, en su momento, cuando toca, le pregunta discretamente por algún fleco de lo mío, el mismo que en ocasiones le entrega envuelta para regalo una caja de Sebagos si lo suyo era de envergadura o de Cohibas si del montón...

He visto esa pasta. La he olido, la conozco y sé de qué pie cojea. Hasta he comido alguna vez de ella. Por eso no me explico las dificultades de Garzón para instruir este caso, antes de que en una extraña maniobra la propia Fiscalía Anticorrupción lo aparte del mismo para poner el sumario en brazos de, nada menos, que de los Tribunales Superiores de las autonomías afectadas. Ja, ja, ja. Lo tenía fácil, sin embargo. Le bastaba con enviar un oficio a la delegación de Hacienda de cada comunidad autónoma sospechosa o a la concejalía de Hacienda de cada municipio de la Sierra madrileña reclamando la relación completa de facturas pagadas a empresas privadas, entre tal y tal año, en concepto de organización de eventos de cualquier tipo. ¡Qué envidia! Podría tener en sus manos, de un plumazo, uno de los mapas más perfectos posibles de los vericuetos de la pasta gansa. Una instantánea precisa de los fastos. Una radiografía por la que algunos le pondrían, si él quisiera, toda una zapatería (o una armería, que las escopetas tienen las cajas más grandes). Yo, al menos, es lo que hubiera hecho.

Aunque tal vez la cosecha hubiera sido excesiva. Demasiado para nadie.

7 comentarios:

Antonio Piera dijo...

Añado una coda que parece escrita ahora mismo, icluidos pagos a la Iglesia, en aguardiente y en espías. Estas son las cuentas completas del Gran Capitán, mosquedo porque Fernando el Católico le pidiera explicaciones acerca de cómo administraba la pasta:

En el Museo del Ejército de Madrid, se guarda un pergamino en el que figuran las siguientes cuentas:

- Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas.

- Cien millones en palas, picos y azadones.

- Cien mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de sus enemigos tendidos en el campo de batalla.

- Ciento setenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas por el continuo uso de repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo.

- Cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas en día de combate.

- Millón y medio de ídem para mantener prisioneros y heridos.

- Un millón en misas de gracias y Tedeum al Todopoderoso.

- Tres millones en sufragios por los muertos.

- Setecientos mil cuatrocientos noventa y cuatro ducados en espías.

- Y cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey pedía cuentas al que le ha regalado un reino.

__MARÍA__ dijo...

Nada que añadir ante tanta sabiduría, pero es que ya se sabe, están tirando con pólvora ajena y eso da para mucho.
Besos casi carnavaleros

Grendel dijo...

Oiga, y por casualidad, ¿cómo se hace para vivir del cuento así como lo cuenta? No estaría mal un post sobre cómo llegar a ser un señor de crédito.

yuki ush dijo...

Por un momento pensé que estaba leyendo una semblanza de Alejandro Agag!!!!

Anónimo dijo...

Que sea usted más breve y más claro ...he dicho.

Graforrea, no

Gustavo dijo...

¡VIVA TU GRAFORREA, ANTONIO! -proclamo-

Antonio Piera dijo...

Gracias, María. Besos ya carnavaleros del todo.

Grendel, amigo, hacen falta grandes dosis de inmoralidad y mínimos de vergüenza para conseguirlo. Si quieres ser honesto en ese trabajo, apenas te comes un colín.

La semblanza de Agag, Yuki, me temo que no sería ésta. Los que negocian con Briatore, comisionan del AVE, casan con presidencia y llevan a Berlusconi de testigo están en otro nivel, Maribel. Sí nos valdría como ideólogo del clan Becerril, do amamantaron las nuevas generaciones de tiburones.

Agradezco el sentido de tus palabras, Gustavo, pero no presto ninguna atención a un desconocido cuya carta de presentación para doctorar sobre estilo es una palabra que no figura en el de la RAE. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces, le aplico.

Por otra parte, bienvenida esa su opinión, que preferiría mejor razonada y respaldada por alguien reconocible.