miércoles, 21 de enero de 2009

a contracorriente

Yo también contemplé la ceremonia. También me emocionaron los rostros de hombres y mujeres esperanzados, que quisieron estar allí para contemplar cómo se vienen abajo los viejos mitos y las prohibiciones viejas, cómo el país del KKK aplaude este nuevo hito de su breve historia. Me alegré con ellos, vibré con sus llantos apenas contenidos y escuché con la empatía saliéndome por las orejas el discurso del nuevo okupa de la Casa Blanca. Se me pusieron los pelos del cogote como escarpias al imaginar al viejo Luther King llorando a moco tendido como hacemos los que realizamos algún sueño cada vez que lo conseguimos. Yo también, por fin, he acogido la victoria demócrata del candidato novato con alegría no exenta de esperanza. También he analizado sus palabras para atisbar en ellas el final de Guantánamo, la extensión de los seguros sociales para todos, la retirada de Irak, un nuevo modelo económico que nos devuelva la calma y nos ahorre sobresaltos añadidos, el cambio, en fin, que parece prometer la figura pública de Obama y su innegable proyección histórica.

Lo malo aparece cuando tras las palabras llegan los hechos como auténticos emisores del mensaje real, de lo que cabe esperar. Ahí ya los hechos se manifiestan en otro sentido y, mirándolos de cerca, veo en ellos elementos nada halagüeños cuyo sentido conoceremos después pero de cuya oportunidad podemos ya hablar. Me refiero a los nombramientos en áreas como la Economía, la Defensa o la Política Exterior, léase las relaciones con Israel y los países árabes, sobre todo, las tres áreas determinantes de la política inmediata que habrá de aplicar el gobierno obama. Ya digo que por ahora son nombramientos, que por sus obras los conoceréis, pero es que muchos de los elegidos por el reciente para su gobierno llevan ya bastante "obra" en su trayectoria como para proyectar por dónde irán sus tiros. Y no me gusta lo que veo. No entiendo que el principal referente en economía, ese que debería "arreglar" el desaguisado histórico generado por la política cómplice del ultraliberal Bush, el capo llamado Robert Rubin, que fuera Secretario del Tesoro con Clinton, sea uno de los que se han enriquecido tras culminar el desastre del Citigroup embolsándose 115 millones de dólares tras dejar a su paso 75.000 parados y unas deudas que ni siquiera han podido paliar los 300.000 millones de dólares del erario público inmolados por el estado para cubrir los activos envenenados del grupo. Ni entiendo que el referente en defensa con cargo y mando de Secretario sea otro Roberto, éste Gates, un ex-director de la CIA, un halcón de cuando la guerra fría y el responsable del envío de más tropas de infantería a Irak cuando a su jefe inmediato Bush ya le temblaban las manos ante el evidente fracaso que estaba resultando su guerra de ocupación. Ni comprendo tampoco qué política creíble de pacificación en Oriente Medio podrán llevar a cabo Hillary Clinton y su equipo elegido de "varones medio-judíos", como son conocidos sus principales colaboradores.


Si van a ser estos los zorros que guarden el gallinero, apañados estamos. Leed este artículo esclarecedor y ya me contaréis...

6 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Me temo que apañados estamos, D. Antonio. Pero hemos de esperar a ver como actúan para decepcionarnos.

Salud y República

__MARÍA__ dijo...

Ya he leído quienes son sus zorros guardianes.
Sabíamos que el tonto de las galletas solo no ha podido montar todo el "lío" que ha montado, entonces ¿qué hacemos? ¿nos vamos desmoronando ya o esperamos a ver qué pasa?
No sé Antonio, no sé...

Antonio Piera dijo...

Entiendo que una cosa es la ignorancia y otra la esperanza informada.

Saber nos permite soñar con los pies en el suelo, pero conociendo algo no me gusta que nadie me pueda decir nunca "habérmelo contado".

Al menos yo pienso así, y tampoco me gustaría que nadie creyera que soy de los que disfrutan pinchando globos.

Juan Carlos Latxaga dijo...

Yo también vi parte de la ceremonia, pero en lugar de empatizar con aquella muchedumbre emocionada e ilusionada, me limité a envidiar su capacidad de creer en algo. Debo de ser el único bicho raro que no ha conseguido entusiasmarse con Obama. Y no será por falta de ganas de creer en algo, pero luego uno lee posts como éste y no tiene más remedio que reafirmarse en su escepticismo. Qué le vamos a hacer...

Adrian Vogel dijo...

Don Antonio gracias por el enlace

Antonio Piera dijo...

Yo empiezo a llamarlo, amigo Latxaga, la bobamanía. Lo mismo mi próxima entrada va por ahí, apoyándome en lo que ví en su casa del inefable Patxi López.

Al rey lo que es del rey, Adrián, gran blog el suyo, y a dios que me voy a dar una vuelta, decían en mi barrio. Bienvenido. (Le añadiré entre mis preferidos, si no le molesta, y no es una amenaza...)