jueves, 22 de mayo de 2008

canciones

Dentro de media hora cantará Raimon en la Facultad de Medicina de la Complutense de Madrid. ¡Pásalo! Su concierto evocará aquel que dio en Económicas en el 68 que terminó como el rosario de la aurora. Me acuerdo de que aquel día y a la hora de la cita tenía yo un examen cerca, en Biológicas, no sé de qué. Lo que si recuerdo es que me jodió tanto que apenas rellené el folio con mis datos, para darme por presentado, y salí de la sala ante los ojos atónitos de mis compañeros asombrados por mi desfachatez o clarividencia, y eso que no fui el único. Bien es verdad que me dio tiempo a echarle una ojeada al cuestionario y constatar, como ya me temía, que no disponía entre mis escasos conocimientos de uno sólo que coincidiera con la respuesta adecuada a aquellas preguntas, con lo que la decisión de levantarme resultó todavía menos traumática de lo que presentía, que ya era poco. Todavía nos dio tiempo a llegar, a Carlos Arnaiz y a mí, a tiempo de constatar asombrados que no había policía en los alrededores (estaban todos a la altura de Farmacia, según comprobé luego) y escuchar las últimas canciones y los bises entre una masa enfervorizada y que tarareaba en catalán como Aznar en la intimidad.

Luego, lo cuenta la historia, salida en mani hacia Moncloa y aparición de la gritapo a la carrera. Recuerdo que muchos se tiraron por los pinos donde luego se construiría Periodismo pero hicieron mal, porque por allí andaban los sociales y los caballos, vaya usted a distinguir, que les dieron un buen repaso. Por aquel entonces uno, que era un poco chulo, estaba en espléndida forma física y prefería saber de dónde le venían los palos, tenía por costumbre situarse en cabeza para, cuando aparecían los grises, correr hacia atrás mirándoles y tirándoles cosas, aprovechando también (que todo hay que decirlo) que solían vestir unos abrigos de paño hasta las corvas, que parecían muy pesados, y que los mandos todavía destacaban contra nosotros a los más mayores y currados, más bien lentos, a los que insultábamos gritándoles "desertores del arao" en un arranque clasista, que por algo éramos hijos de papá aunque nos creyéramos rojazos. Todavía guardo en mi retina la no tan fugaz visión de las piernas de una compañera que se subió la falda para más correr y gracias a la cual constaté que, incluso en aquellos castos días, las bragas no tenían por qué ser blancas ni tampoco de algodón y cuello alto.

Recordar esto me ha puesto nostálgico y canalla, así que os voy a castigar con la letra de una de las canciones más eternas que he escuchado nunca, escrita en 1935 y asaz vigente. Supongo que la conocéis, pero no es menos cierto que no tiene desperdicio. Leedla despacio, masticadla, paladeadla y disfrutadla, que ya me diréis. No es de Raimon, por cierto.

Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también;
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro
generoso o estafador...
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.

¡Que falta de respeto,
qué atropello a larazón!
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón...
Mezclao con Stravisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto al calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás...!
¡Dale, que va...!
¡Que allá en el Horno
nos vamo´a encontrar...!
No pienses más; sentate a un lao,
que a nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley.

http://www.youtube.com/watch?v=hlyMJdP1XT4

CAMBALACHE / Letra y música: Enrique Santos Discépolo / Año: 1935
(Estrenada en el teatro Maipo interpretado por la actriz y cantante Sofía Bozán).

2 comentarios:

Pedro de Paz dijo...

Maravilloso tango, D. Antonio. En justo pago a su presente, le ofrezco la letra de otro. Lo admirable del caso es que fue compuesto en... ¡¡¡1933!!

Ya no sé si se trata de meridiana clarividencia o de que las miserias no tienen fin de vigencia ni fecha de caducidad pero... ¡hay que joderse cómo retrata este tiempo nuestro tan hijodeputa!

Al mundo le falta un tornillo
(Música: José María Aguilar; letra: Enrique Cadícamo)

"Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao...
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar...
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico...
¿Pa' qué, che viejo?
Pa' ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?... ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa' ver si lo puede arreglar.


Escuchar aquí

Abrazos,
Pedro de Paz

Gustavo dijo...

Querido Antonio: yo estuve ayer. No tuve más remedio que seguirlo desde fuera (debe de haberte llegado la crónica completa). Y te digo una cosa: allí dentro sobraba mucha gente y faltaban muchas más. Entre ellos TÚ.
Me cuesta creer que tú fueras un niño de papá: no me lo creo. De todas maneras, eso no va por herencia, sino por actitud: he conocido obreros y campesinos mucho más señoritos que cualquier refinado urbanita: es un problema de actitud. Por cierto, picarón, que no pierdes ocasión ni en los peores saraos.
En fin, fue bonito: pero el auténtico homenaje estaba fuera, en el vestíbulo de Medicina. Usa todo lo que quieras de lo que te he enviado si te viene en gana. ¡Salud!