lunes, 12 de marzo de 2007

de paso

Vengo de hacer un recao, que se decía antes cuando no querías especificar más y, volviendo a casa, he pasado por la M-30. Mientras conducía, en la radio sonaban canciones de otros tiempos desde kissFm, y esa musiquita iba creando en mi interior cierto buen rollito que, a su vez, producía en mi ánimo algo parecido a una serena complicidad mientras contemplaba los nuevos túneles del trayecto, inhóspitos y fríos, recién inaugurados, y hasta conseguía pensar en Gallardón y sus achares sin acritud, por una vez, como si fuera Felipe González tapando los GAL. Iba completamente enmimismado, indiferente a las miradas crispadas de la mamá con el coche cargado de niños que me adelantaba por la derecha, alguno de los cuales me sacó la lengua haciéndome la burla a través de la ventanilla trasera, o al bocinazo de un camión que me superó por la izquierda para tomar de inmediato la salida más próxima, que no se atravesó en la calzada porque existen el dios de los tontos y el de los inocentes.
Venía yo por la M-30 de hacer un recao, tan pancho, y me daba las luces un probo currito de los de reparto, a bordo de una furgoneta que parecía cargada hasta los topes de algo tan pesado como él, según pensé fugazmente al ver lo hundida que llevaba la caja del vehículo, pobres ballestas, cuando, tras adelantarme, me hizo una elegante cola de pez para colocarse ante mi coche. Incluso tuve que tocar algo de freno para no comérmelo con patatas.
En ese momento, algo semejante a cierta alarma fue despertando perezosa desde el fondo de mi mencionada mismidad, extrayéndome del nirvana placentero en el que me hallaba por mor de música tan evocadora, al percibir los gestos airados con que me obsequió un pigeon motorizado, que es como llamaban en París a los mensajeros antes de que fueran ecuatorianos.

Entonces fue cuando comprendí mi inmenso error.

Sin darme cuenta estaba circulando a la velocidad exacta que marcaban las innumerables señales de tráfico que jalonan esta vía a la que dicen rápida, a 70 en los túneles, a 90 al aire libre, a 50, ni uno más, en la avenida de la Ilustración (ahí fue donde me pasó lo de la mamá y los nenes).

Error que subsané, por supuesto, de inmediato.