sábado, 17 de marzo de 2007

dislates (I)

La Audiencia Provincial de Sevilla y olé acaba de rechazar la reclamación de un chaval de 22 años contra la sentencia que condenaba a su padre a darle 150 euros al mes de paga, además de costearle los estudios y otras minucias. El joven reclamó ante el tribunal superior porque le parecían poco estas cantidades que fijara en su día el juzgado de Primera Instancia y olé. El padre tiene que mantener una familia de mujer y tres hijos con un subsidio mensual de 700 euros, y eso cuando lo percibe, y olá.
Además de la profunda tristeza y del desasosiego que me produce esta noticia, al fin otro ejemplo más de la esgrima del derecho al estilo yanky, la insolidaridad y el individualismo feroz por bandera, pero al cabo ya sabido, lo que me aterroriza es el comportamiento de los jueces, a quienes supongo, además, con la Ley en la mano. Me suda frío el cogote al ver cómo se pasa por encima de la lógica, cómo se atropella legalmente a un paterfamilias que sospecho anonadado ante la indiferencia que muestra la justicia de su país por su vida, por sus esfuerzos, por sus propios derechos y por sus posibilidades económicas reales. No parece importarle mucho a la Ley que ese chico se lleve él solito casi la cuarta parte de los ingresos familiares, ni con cuánto deja a su progenie para pagar la vivienda y la comida de los suyos, incluido el propio reclamante. No parece que le resulte trascendente a la Ley que el chico, además de estudiar, trabaje de conductor de autobuses, ni qué es lo que hace con lo que cobra por ello.

Antes bien parece que nacer genere exclusivamente derechos en el recién llegado, degradando los de quienes le trajeron al mundo. ¡Vaya país! ¡Vaya sitio éste en el que para defender a la históricamente infravalorada y acosada mujer se impone pasar por encima de los derechos de cualquier ser humano nacido varón, en el que los derechos de los niños se esculpen con las virutas de los derechos de sus mayores o de sus educadores, en el que los derechos de las prostitutas se acuerdan nulos por el procedimiento del pacto político, borrando de un plumazo su existencia!

Bien parece que en lugar de perseguir la igualdad se está asentando la Ley del Péndulo, que se dice combatir la desigualdad potenciando otra de signo contrario, que se escamotea, olímpicamente, lo Justo, con mayúsculas, a cambio de lo que algunos entienden, vaya usted a saber por qué, por lo correcto.

Entre unos y otros están haciendo de la justicia el proxeneta del poder.