sábado, 15 de diciembre de 2007

...y no estar loco

He estado en una exposición que presentan en la Sala de exposiciones del Complejo El Águila, que han titulado cámara panorámica 120 grados. Ofrece una visión del desarrollo y el comercio de Madrid a través de la publicidad, y estará abierta hasta el 8 de enero. La muestra es un pequeño compendio, sobre todo, de cartelería de época al que se han añadido grabaciones en vídeo de anuncios antiguos. Está presentada de forma cuidadosa y es realmente enternecedora.

Coincidió con que escuché días antes un debate en el ojo crítico de Radio Nacional acerca de si la publicidad es, o puede ser, o no, arte. Debate estéril do los haya, porque, al menos para mí, el arte es arte bajo la forma que se presente, y pare usted de contar. Quiero decir que encuentro más arte en un hermoso anuncio de Vulcanizados Madrid, de los años cincuenta, con su pureza de líneas art-dècó, que en un lienzo rojo atravesado por una línea blanca que presenta, carísimo, una sala de arte de las que están de moda. Qué le voy a hacer. Espetaba algún purista de esos que se ganan la vida de tertulia en tertulia, doctorando con voz pausada y apariencia sesuda sobre lo divino, lo humano y la inmortalidad del cangrejo, aseveraba el buen hombre, decía, que el mero hecho de haber sido objeto de encargo mercantil hacía inviable considerar arte cualquier forma de publicidad. La carcajada que solté en la soledad de mi coche, de vuelta a casa, hizo que el de la furgoneta de al lado en el atasco me mirara como si acabara de asesinar a Kennedy. Debe ser que el arte oficial no se hace por dinero, o por encargo de algún avispado marchante, se me ocurrió. Ahora va a resultar que el arte que nadie discute no está contaminado por el mercantilismo...

Bueno, pero yo quería hablaros de otra cosa, justo de lo que hace referencia el título, que se me ocurrió mientras contemplaba la citada exposición. Y ésta es sólo, (quizá en otro momento la glosemos entre todos, pero baste un apunte apresurado), la idea de que hace falta ser sólido, tener la mente fuerte y la vivacidad alerta, para pasar, en el transcurso de una vida (nacer en el año 20, por ejemplo, y tener ahora 87 años), de la radio galena a la TDT, de las primeras luces eléctricas (sugerido por varios espléndidos anuncios de bombillas) a las casas domóticas, de los teléfonos de manivela o centralita a los móviles de última generación, de lavar a los hijos en una jofaina puesta en la cocina, calentando el agua en una enorme marmita, al jacuzzi, de las estufas de carbón vegetal, de las salamandras, al calor irradiado o del periódico vespertino a los telediarios y del lápiz al ordenador con blue tooth, en el breve plazo en que transcurre una vida..., y no estar loco.

¿No os parece? ¿No os admira?

5 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Yo, amigo Antonio que no soy tan mayor, me maravillo comparando la vída diaria de mi infancia y la de ahora. Nada que ver. Y qué decir de la de mi abuela. Da vértigo el cambio.

Salud y REpública

Anónimo dijo...

Lo primero que quiero hacer constar es que, para mí, la publicidad, la buena publicidad, es arte. Te puedes quedar anonadado con algunos carteles publicitarios, con algunos grafitis, con algunos anuncios,mucho más que con algunos cuadros que se exponen en museos. Hay veces en las cuales yo me he preguntado ¿por qué estará aquí este cuadro o esta escultura, por su "arte" o por su firma?.
Si, es para volverse loco el cambio tan radical que ha supuesto la tecnología en nuestras vidas en tan poco tiempo.

Antonio Piera. Madrid. dijo...

Me alegro por usted, Rafael, de que no sea tan mayor. Aunque todos recordamos los carteles publicitarios de nuestra infancia, unos más antiguos, otros más recientes. Todos ellos acompañan nuestra historia y muchos la reflejan y la describen. Como bien dice nuestro anónimo comunicante, ante algunos te puedes quedar en blanco. En cuanto a la vida de las personas en las que ha trascurrido esta bacanal de saltos cualitativos, de verdad que las admiro. Porque, desde cierto momento, los cambios han pasado a ser cuantitativos, más potencia, más prestaciones, más velocidad, más pequeño..., pero lo suyo ha sido pasar del no al sí, de la nada a la tele color, de los locos que quieren volar al Challenger. Y eso..., eso me parece un salto brutal.

Pimpi dijo...

Y ¿qué me dice usted, sin par don Antonio, de pasar (incluso en el transcurso de menos de una vida y por hacer honor a la evocadora ilustración de su post) de ser aquel negrito del África tropical que cultivando cantaba … a ser este “negro de mierda” que, sin tener nada que cultivar ni que cantar en el África tropical, se interna en la mar oceana, a bordo de patera o de cayuco, para alcanzar las más altas cotas de la moderna esclavitud entre los plásticos de Almería o terminar apaleado hasta la tetraplejia a manos de algún energúmeno salvapatrias descerebrado …, y no estar loco?

Seguiremos vivos, que, visto lo que arde, no es poco.

Antonio Piera. Madrid. dijo...

Tienes tanta razón, Pimpi, amigo... Por ellos sí ha pasado el tiempo como una apisonadora, dejándolos transparentes como el papel de fumar. La suya ha sido una evolución de la nada a la más absoluta miseria, en relación directa con el ascenso en la ciudadanía patria de los facheríos de todo signo, que ahora insolentes sacan pecho al abrigo de la derechona de los salvapatrias que antes humillaban la testuz, cuando aún se temían que alguien les iba a cantar las cuarenta (o los más de cuarenta que estuvieron viviendo del cuento).