lunes, 28 de mayo de 2007

balance privado de esta elecciones

Ahora que todos andan tan contentos porque han ganado, y aprovechando este brevísimo impasse de un par de días antes de que vuelvan a tirarse los trastos a la cabeza, que seguirán, os quiero gratificar con algunos pensamientos y elementos para el análisis de estas elecciones, puesto que nadie me los ha pedido. Antes, dibujemos el punto de partida:

- Si yo fuera Rajoy no estaría tan contento. Cambiar 160.000 votos por la pérdida de gobernabilidad en dos comunidades autónomas y nueve grandes ciudades, además de un par de miles de concejales, no me parece un trueque favorable.
- Si yo fuera Zapatero no bailaría en una pata. Subir en número global de concejales a cambio de perder en Madrid por humillante goleada y sobrevivir en base a acuerdos de difícil interpretación no me parece para tirar cohetes.
- Si yo fuese Llamazares no sería feliz. Haber perdido más de un 13% de los votos que tenías, pese a incrementar los concejales y sin aprovechar para ser la alternativa frente a la crispación se parece demasiado al estancamiento, cuando no al fracaso. Hasta Córdoba peligra.
- Si yo fuera un político convencional no aplaudiría con las orejas, porque la participación ha bajado pese al énfasis virulento de las campañas, lo que demuestra que la crispación no consigue interesar al ciudadano. El desinterés se viste de abstención.




Lo que pasa es que la lectura global de número de votantes de cada partido no es más que el chocolate del loro en unas elecciones locales, salvo que se utilice para insistir en la peregrina idea de que esta consulta resultaría equivalente a unas primarias, lo que no es cierto. Entre otras cosas, si así fuera, la izquierda vencería por más de un millón de votos en unas generales, y sabemos que no será así. Leer estos resultados como intención de voto a un año me parece un error manifiesto.

Sí aparecen datos que resultan reveladores. A la muerte de los “cinturones rojos” de las grandes ciudades se añade el certificado de defunción del de Valencia, que era de los pocos que resistía. El proletariado ha dejado de existir oficialmente y la conciencia de clase está siendo sustituida a marchas forzadas por la tele digital y porque el metro llegue a la puerta del barrio. En Madrid, tan sólo Vallecas aguanta el tirón.

El electorado no parece sensible al discurso típico de la corrupción urbanística (léase Murcia o la costa mediterránea) al pensar que lo mismo robarán unos que otros. Sólo con cierto radicalismo frente a la exageración (auge de IU en el feudo del “pocero”) se puede obtener respuesta en las urnas.

De la política del PP frente a los nacionalismos, basta mirar los resultados. Que Batasuna sume los 160.000 votantes, no es más que más de lo mismo. Nada nuevo bajo el sol euskaldún. Que no se detenga a sus manifestantes en las mesas electorales, una vergüenza.

No me resisto a mirar hacia Madrid, en fin, pese a que sus resultados me han levantado ampollas en la piel. La dejación de sus obligaciones por parte de la FSM del pesoe da urticaria. El desprecio por el electorado que supuso proponer a Sebastián y mantener a Simancas, anteponiendo el equilibrio interno de partido al compromiso con tu propio electorado, ha recibido un varapalo impresionante. A ver si aprenden. Al peso que han adquirido electoralmente Aguirre y Gallardón cabe oponerle no sólo lo mejor de cada casa, sino una campaña repleta de ideas y de alternativas, trabajada, contrastada y muy bien presentada. Al dinero en propaganda (que el PP ha gastado a espuertas), sólo cabe enfrentarle más dinero, a la imagen más imagen… Si no, apaga y vámonos. Palabras frente a metro y quejas frente a obrones, no van a ningún lado.

En cuanto al poder local, cada vez creo más en alternativas honestas de gestión y en erradicar definitivamente las promesas de una campaña. Como ideología, la justa, la contenida en la naturaleza de los cambios propuestos.
La palabrería, señores, está dejando de surtir efecto.

1 comentario:

Gustavo dijo...

Creo que es lo más verídico y sensato que he leído, visto u oído respecto a estas elecciones desde que llegué a mi casa anoche, pues me tocó pringar de presi... La mejor campaña (quitando, desde mi punto de vista a quién no nombraré por no definirme) ha sido mi campaña contra-electoral: tiene canciones de Pi de la Serra y de unos chavales que creo que conoces. ;)